sábado, 21 de diciembre de 2013

Las tumbas que aún quedan por descubrir

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No es un hecho muy conocido para el público en general, pero en varias ocasiones se ha considerado que el Valle de los Reyes (la necrópolis tebana donde están enterrados los faraones del Reino Nuevo Egipcio) estaba arqueológicamente exhausto. El primero en afirmar tal cosa fue el abogado norteamericano Theodore M. Davies, quien tras doce años excavando el valle (1912-1914) y haber descubierto treinta tumbas —entre otras las de Yuya y Tuya (KV46), el posible enterramiento de Akhenatón (KV55), la de Horemheb (KV57) y el escondrijo con los restos del banquete funerario yembalsamamiento de Tutankhamón (KV54)— afirmó que el Valle estaba“agotado para la arqueología”.
El descubrimiento de la tumba de Tutankhamón en 1922 desmintió sus palabras, pero tras el inimaginable éxito que supuso su excavación de la KV62 (las tumbas del Valle de los Reyes están numeradas en el orden de su descubrimiento), nadie se atrevía a pensar en que hubiera otros hipogeos sin descubrir.
El hallazgo de la tumba KV63 en el año 2005 por parte del equipo dirigido porOtto Shaden (Universidad de Basilea) demostró, una vez más, que en arqueología no se puede estar seguro de nada hasta que no se alcanza la roca madre… Ese es el ánimo que ha impulsado el estudio realizado en el Valle entre el 2006 y el 2010, financiado por la Glen Dash Foundation for Archaeological Research.
En el Valle están a la espera de ser descubiertas las tumbas de Tutmosis IIRamsés VIII, pero mientras aparecen, el estudio de georradar llevado a cabo por estos especialistas ya ha conseguido algunos resultados interesantes. El principal es que en el fondo del Valle los egipcios crearon un sistema de prevención de inundaciones. Quizá algunos se sorprendan, teniendo en cuenta que Egipto es un país desértico; pero lo cierto es que una vez cada muchos años se puede producir una lluvia torrencial que puede arrasar con todo. ¡Mejor prevenir que curar!, porque las tumbas se suponía que tenían que durar por toda la eternidad.
Como explica el arqueólogo egipcio Afifi Ghonim, a diez metros bajo el nivel del suelo actual, el radar ha descubierto un canal que recorría el valle principal y al que iban a desaguar canales secundarios desde los laterales. Su función era dirigir hacia la boca del Valle las aguas de escorrentía y todos los restos arrastrados por ella, para así evitar que penetraran en las tumbas reales dañándolas. Por desgracia, parece que los egipcios no creían demasiado en las ventajas del mantenimiento de las infraestructuras.
De modo que al poco tiempo de ser creado, este sistema de control de inundaciones se encontraba colmatado y fuera de uso. Como dice Ghonim, en época de Tutankhamón las inundaciones volvían a ser un problema; pero fueron una bendición para el joven soberano, porque gracias a ellas la entrada a su tumba quedó sellada y olvidada para siempre… hasta que en 1922 Howard Carter y lord Carnarvon volvieron a sacarla a la luz.
Es una pregunta recurrente que se me suele hacer: “¿Cuánto queda por descubrirse en Egipto?” Año a año, la arqueología nos demuestra que mucho más de lo que podamos pensar…
José MIGUEL PARRA

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