viernes, 29 de noviembre de 2013

Sobre la unión del Alto y Bajo Egipto y el protagonismo de Seth y Horus en tan árduo cometido.

Desde la aparición de la escritura hasta el fin de la civilización egipcia, los antiguos egipcios no han dejado de prestarnos información acerca de sus vidas. No podemos negar que han sido grande narradores, y muchas veces dejando las palabras atrás nos han brindado la dulce oportunidad de contarnos sus historias con imágenes, los propios jeroglíficos son imágenes habladas. Como si viñetas de comic se tratase, nos plasman en sus lienzos del desierto, en sus paletas, en sus ajuares, la historia de su civilización.
Era un pueblo politeísta, cuyos dioses zoomorfos, reinaron en un momento sobre la tierra, en el primer tramo de tierra que el gran Dios Nun decidió erigir con forma de pequeño montículo, el país de Kemet, se convierte así en el primero y el gran, al igual que grandes serán aquellos que reinen sobre sus arenas.
Osiris, Set, Isis, Horus, Maat, Thor… serán grandes dioses que protagonicen mil y una escena de las paredes que pueblen las construcciones egipcias a lo largo de toda su bella cultura.
Pero no debemos olvidar que tras los dioses vienen los reyes, reencarnaciones del Dios en la tierra, descendientes de esos primeros y que ahora, brindan la oportunidad de contarnos qué pasó y cómo pasó.
Tampoco debemos olvidar, que a mucho pesar, grandes partes de la civilización egipcia sigue manteniéndonos en suspense, por falta de material arqueológico principalmente. Aun así, Set y Horus, han sido benévolos con nosotros y entre ellos, por una vez, han hecho las paces y se han unido. Lo que antes eran dos Egiptos ahora se han fusionado y se han hecho uno, a pesar de mantener distancias, será un solo rey el que gobierne sobre el mismo.
Y si no me creéis, aquí tenéis uno de los laterales del trono de Sesotris I como testimonio. Y si sólo veis a un cara halcón y a un cara chacal tirando de una cuerda, no os preocupéis, es normal al principio, solo hace falta ver un poco más
Remontándonos unos 5000 años atrás, en aquel periodo donde todavía Egipto estaba dividido en dos, yace una figura reconocida como Narmer, el gran rey que luchó de forma sanguinolenta para conseguir unificar su país, así nos lo muestra su manida paleta, que hoy descansa en el museo egipcio del Cairo.
Actualmente existen ciertas controversias acercar de la identidad de este rey, pero lo que sí se sabe es que fue el unificador del país de kemet, el que se haría grande a partir de entonces.
¿Pero por qué brindar la oportunidad de aparecer como miembros de la unificación a Seth y Horus?
Eso nos lleva a un tiempo en el que el mundo era habitado solo por dioses, animales y la naturaleza, el ser humano, todavía no era participe de tan alocada aventura.
Isis, Horus, Osiris y Seth, eran algunos de estos Reyes celestiales qué tantas “batallas” han protagonizado en esta parte del mundo.
Es en este momento del ciclo egipcio, cuando nos encontramos al adorado Horus, nacido del vientre de Isis, hijo del dios de ultratumba Osiris, el cual crece en la lejanía del lecho materno, para ser educado y entrenado en la disciplina del conocimiento y la lucha, gracias a Thot.
Pasan los años y el hijo de Osiris e Isis, asienta las bases para poder gobernar el trono que le pertenece. Se siente preparado para vengar la muerte de su padre, aquel que había muerto en las fauces de su malvado hermano Seth.
En una encarnizada batalla, protagonizada por tío-sobrino, ambos pierden varios miembros, en concreto Horus pierde su ojo izquierdo, pero gana su trono, dando nacimiento al Udyat (ojo de Horus) en honor a ese momento, trayendo consigo cantidad de beneficios mágicos, además de la prosperidad para Egipto.
Desde entonces y tradicionalmente a Horus, se le representa en el Norte del país, dando protección al reino Tinita y a Seth en el Sur, o lo que es lo mismo, a Horus se le representa en el lado fértil del Nilo, mientras a Seth se le asocia con el árido desierto. Así pues, en contenido mitológico, Horus debe contener al desierto que incesantemente amenaza con avanzar sobre el valle pudiendo llegar a eliminarlo completamente.
Así es como del lecho de este venerado Dios, nacen la estirpe del ser humano, en el que se dice que el rey Narmer, gracias a la fuerza y ayuda de su ancestro ganó, al igual que Horus una sangrienta batalla que ayudó a la prosperidad de Egipto.
Por ello, la aparición de tío y sobrino, amarrando las dos plantas que caracterizan el Alto y Bajo Egipto, el loto y el papiro, sellan así su pacto de unión en el que posteriormente Horus, pasará a gobernar todo Egipto y Seth el desierto.
Casi 1100 años después de esa unificación, el propio Sesostris I, será quien mande plasmar este hecho, con el fin marcar la unidad y subrayar ese aspecto de orden y unión que el Egipto considera necesario para el tan buen transcurrir de los tiempos.
Por unas cosas o por otras la imagen que tenemos de Egipto es de una magnificencia asombrosa, un halo de misterio que lo sigue envolviendo y que seguramente parte de su culpa la tengan esas imágenes habladas, las que dan pie, no solo a la confirmación de hechos sino a la de dejar vagar nuestra imaginación.

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