viernes, 16 de agosto de 2013

Cleopatra. Así pudo haber sido su palacio

Quien fuera alejandrino para poder nadar entre aguas de misterio. 
Allí en lo más profundo de las aguas del mar Mediterráneo se esconde una de las maravillas más maravillosas del mundo, ¡Alejandría! Una ciudad que se ha ido ocultando porque el mar ¡maldito él!, ha querido barrer parte de ella.

Hace unos 2050 años, mucho antes de que el mar decidiese ocultar sus cimientos. En los albores del mar mediterráneo, en las costas de África, se encontraba la gran ciudad de Alejandría, una ciudad que brillaba por sí misma, y no sólo por el famoso faro que daba luz a los marineros, sino por su grandeza, sus riquezas y por sus personajes históricos.
Alejandro Magno dio nombre a la ciudad, pero si alguien le da fama es Cleopatra VII, una mujer que no deslumbraba tanto por su belleza sino por su inteligencia y talante. La última de la dinastía de reyes egipcios, nace del vientre de una madre que lleva su mismo nombre, Cleopatra V Trifena, su padre Ptolomeo XII Auletes descendía de la dinastía de los primeros Ptolomeos, aquel que fundó la ciudad.
Cleopatra fue reina a los 18 años gracias a su matrimonio con su hermano Ptolomeo XIII de solo 12 años, pues había una ley que prohibia gobernar a una mujer si no estaba casada. A partir de este momento comienza el reinado de esta legendaria mujer que no dejará de ser más que interesante.
Una gran reina necesita de un gran palacio y por eso dando la bienvenida a esta ciudad se encontraba en la zona de Portus Magnus la isla de Antirodos su lugar de residencia, el palacio de aquella que consquistó el corazón de dos grandes romanos, Julio Cesar y Marco Antonio.
Cuenta Estrabón que se maravilló al ver por primera vez la belleza que se encontraba frente sus ojos.

Imágen de: mediterraneo antiguo
La noble reina procedía de una dinastía griega, y como tal así lo reflejaba su palacio, que heredó de sus sucerores, una mezcla de arte egipcio con la de sus orígenes. Un palacio donde el marfil recubría la estancia de entrada y las puertas contenían incrustaciones de carey de la India. Decorada con numerosas esmeraldas donde las jallas relucían sobre las pinturas.
Una enorme avenida de unos 552 metros cuadrados con una gran esplanada de columnatas indicaban el camino hacia palacio.
Columnas de granito rojo Egipcio formaban un pórtico que daban a un acceso magestuoso al palacio por mar.


Los jardines... debieron ser emblemáticos, llenos de vegetación, de sorpresas, escondiendo templos en honor a Isis, pues Cleopatra era la reencarnación de la diosa en la tierra. Templos, protegidos por esfinges pues estas eran en esta época las protectoras de los templos.

Esta pudo haber sido su residencia, en la que Cleopatra hubo compartido su lecho con sus dos conocidísimos amados, en la que creció y crió a sus hijos el tiempo que le fue posible, un lugar en el que aprendió, creó, maquinó, gobernó, paseó y en el que seguro también lloró.
Un palacio que hasta no hace mucho era un misterio para todos nosotros, un palacio que ahora se encuentra bajo el mar, pero que está un poco más vivo para nosotros.

Los alejandrinos tienen suerte sí, sí porque han nadado entre aguas que escodían secretos como estos y esto es parte de lo que queda de su Magestuoso palacio:
Imágen de:deducimos
 


 

Imágenes de: Egiptologia.com

Entre tesoros desmenuzados, objetos desperdigados, avenidas sumergidas, columnas sin dirección... que ya de por sí guardan su propia historia, si los unimos forman un conjunto donde se esconde el lugar de residencia de una reina que vivió y murió en un palacio que hasta no hace mucho descansaba entre las aguas, esa reina fue Cleopatra y esta la historia de su palacio.

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