lunes, 20 de mayo de 2013

En busca del turismo perdido


Tímida recuperación de las visitas de sol y playa en Egipto, que apuesta por ampliar mercados

Boulos mira a la plaza semidesierta y a las mesas de la terraza del café en el que trabaja, ocupadas tan sólo por una pareja de clientes y un gato que zanganea en una de las butacas, y chasquea la lengua. «Si el ministro dice que el turismo se está recuperando, desde luego aquí no es», afirma este camarero. Cientos de visitantes, sobre todo rusos, siguen llegando diariamente a la ciudad de vacaciones de Al Gouna, a orillas del mar Rojo, atraídos por sus aguas cristalinas y su sempiterno sol, «pero apenas salen de los hoteles, porque vienen con paquetes de "todo incluido" cada vez más baratos», se lamenta Boulos.
Dos años después de la revolución que derrocó a Hosni Mubarak, los turistas comienzan tímidamente a volver a Egipto. Según las cifras anunciadas esta semana por el ministro de Turismo, Hisham Zaazu, 2,86 millones de visitantes viajaron al país de las pirámides en el primer trimestre del año, un 14,4% más que en el mismo periodo del año anterior, aunque en su gran mayoría no pisaron ni los templos faraónicos ni la ribera del Nilo, sino las playas del mar Rojo, un turismo de sol y playa al que no han llegado las manifestaciones ni las revueltas callejeras. Los 11 millones y medio de visitas que se recibieron en 2012 aún quedan lejos, sin embargo, de las 14,7 millones que lo hicieron justo antes de la primavera árabe.
Pero si a corto plazo el objetivo del ministerio es recuperar los niveles de 2010, el nuevo gobierno islamista no pierde de vista los mercados emergentes, y busca ampliar el mercado con visitantes del lejano oriente. Egyptair, la aerolínea de bandera egipcia, acaba de ampliar la frecuencia de sus vuelos con Japón, y el ministro asegura que está en negociaciones para aumentar las rutas con ciudades chinas y con la capital de Corea del Sur, Seúl. Latinoamérica, a donde elpresidenteMohamed Mursi ha viajado esta semana, también está entre sus objetivos, así como Irán, donde Zaazu espera atraer a 200.000 visitantes anuales pese a la oposición de los salafistas egicpios, que ven en los turistas chiíes un peligro para la pureza de la religión en Egipto, de mayoría suní.
Pese a las aún mediocres cifras, los más optimistas recuerdan que el sector turístico egipcio ha conseguido reponerse a otros golpes si cabe más duros, como la oleada de terrorismo integrista que acabó con la vida de decenas de visitantes extranjeros en los 90. Llevó su tiempo, pero años después Egipto registraba datos récord de turismo. Playas puede haber muchas, pero el Nilo que baña los bellos templos faraónicos no hay más que uno.

Prejuicios

El nuevo gobierno se enfrenta, sin embargo, a numerosos retos, y fuentes del sector aseguran que entre ellos se encuentran los prejuicios derivados de la propia naturaleza islamista del ejecutivo. Zaazu quiere convencer a los turistas de que Egipto sigue siendo un país abierto a los viajeros de otras culturas y esta semana ha vuelto a repetir el que parece haberse convertido en un mantra en el ministerio, «el alcohol y los bikinis son bienvenidos».
Pero el auge del Islam político en el país también ha propiciado la creación de un nuevo tipo de turismo, que puede atraer a un nuevo mercado. A pocos kilómetros de Al Gouna, en la localidad turística deHurgada, un nuevo hotel se inauguraba la semana pasada con la etiqueta de «halal», y aseguraba ser el primer establecimiento de estas características en el que no se serviría alcohol. El primero ciertamente no es, porque son muchos los hoteles familiares egipcios que no sirven bebidas alcohólicas, pero sí quizás de los pioneros en reservar una zona sólo para mujeres, para que las clientas más pudorosas disfruten de su ocio de acuerdo con las normas más estrictas del islam ultraconservador. Los empleados del hotel incluso celebraron la inauguración del recinto estrellando botellas de alcohol a modo de lucha contra el «pecado», la bebida «haram», prohibida por la religión.
Pese a la recuperación que parece estar experimentando el turismo de sol y playa, la situación es dramática en El Cairo y en el valle del Nilo. «La ocupación hotelera apenas llega al 15% en estas zonas. El sur se ha quedado desierto, es desolador», revela a este diario Heba Bakri, miembro de la directiva de la Asociación Egipcia de Hoteles.

Cruceros amarrados

Cientos de cruceros permanecen amarrados en Asuan y en Luxor, mientras que en la capital, en cuyas calles aún palpita la inestabilidad social derivada de una transición política complicada, los turistas prácticamente han desaparecido. En el sector turístico denuncian que la inseguridad ha aumentado en las calles, donde la Policía parece haber asumido un papel meramente decorativo, y ello ha contribuido a mantener alejados a los visitantes. En enero, grupos de saqueadores aprovecharon un enfrentamiento entre manifestantes y policía para asaltar el hotel Semiramis, uno de los más lujosos de la capital, que los empleados del establecimiento, entre ellos cocineros pertrechados con sartenes y apoyados por manifestantes, tuvieron que defender ante la mirada impertérrita de los agentes.
«No sé cuánto tiempo podremos aguantar así», admite Bakri, que regenta un establecimiento familiar en la capital que sobrevive gracias a diplomáticos, empleados de ONG y periodistas que vienen a trabajar temporalmente a El Cairo. «Los únicos que parecen tener trabajo estos días», afirma la hotelera.

FUENTE ABC

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