viernes, 22 de febrero de 2013

Arqueólogos mexicanos desvelan la función de una tumba egipcia


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CIUDAD DE MÉXICO (20/FEB/2013).- Tras realizar algunos trabajos de restauración en la Tumba Tebana 39, en Luxor, Egipto, un equipo de arqueólogos y restauradores mexicanos restituyó gran parte de este complejo funerario que, de acuerdo con sus investigaciones, funcionó como lugar de peregrinaje hace más de tres mil años.
El grupo de investigadores pertenecientes al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) retiró miles de toneladas de escombro para brindar mayor estabilidad al sepulcro que mide aproximadamente 18 por 18 metros.
La cámara, que se localiza dentro del cerro Khokha en el Valle de los Príncipes, perteneció a Pui-Em-Ra, sacerdote del dios Amón, y data de mediados de la Dinastía XVIII (entre 1466-1412 a. C.).
De acuerdo con Angelina Macías, jefa de excavaciones de este grupo de arqueólogos del INAH, este logro es el resultado de jornadas de trabajo realizadas desde las seis de la mañana al medio día, bajo temperaturas de más de 40 grados centígrados.
Previo a esta labor, dirigida por la egiptóloga Gabriela Arrache, se pensaba que al pórtico precedía un patio de 22 metros, sin embargo, nueva evidencia indica que se trata de una explanada que conectaba con el Templo de Hat-Shep-Sut, una de las pocas mujeres faraones conocidas, y a quien sirvió el sacerdote Pui-Em-Ra.
Como parte de los trabajos realizados se fortalecieron los muros originales del edificio, se retiraron más de cuatro metros de tierra que cubrían la fachada y se rearmaron los relieves del interior de las cámaras que narran la vida y obra del sacerdote egipcio.
La especialista de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, Dulce María Grimaldi, destacó la calidad de los relieves y de la pintura de la Tumba Tebana, ya que -a diferencia de las sepulcros de los faraones que tienen un aplanado de yeso- éstos fueron labrados en la roca del cerro Khokha, y se utilizó un material orgánico para aglutinar y adherir los pigmentos al muro.
En relación a los materiales empleados para la conservación de los muros, la restauradora Patricia Meehan aseguró que para el fijado de las capas pictóricas se usaron derivados de celulosa, que son materiales que no forman una película impermeable y que al degradarse no van a producir más deterioro. Además de morteros derivados de la cal, que es compatible con la piedra caliza.
Los restauradores pudieron acomodar una serie de jeroglíficos que aluden a la maldición que precede a la tumba, en la que se asegura que “todo aquél que entre a perturbar el sueño de los difuntos será devorado por cocodrilos; pero todo aquel que venga a esta tumba a levantar el nombre de Pui-Em-Ra, le traiga ofrendas y cuide su tumba será bien reconocido en su aldea”.
Se tiene previsto que los trabajos de rehabilitación de este complejo, que cuenta con un 60 por ciento de avance, concluirán en el 2016, año en el que será abierto al público y con ello el nombre de México quedará inscrito en la historia de la arqueología de Egipto.

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