martes, 24 de julio de 2012

Un viaje en el tiempo y la distancia


El templo de Debod estaba situado al sur de Egipto, en la Baja Nubia, muy cerca de la primera catarata del Nilo y del gran centro religioso dedicado a la diosa Isis, en la isla de Filé. El rey Meroe Adijalamani inició su construcción a comienzos del siglo II antes de Cristo. Este rey mandó levantar una capilla dedicada a los dioses Amón e Isis. Posteriormente, distintos reyes de la dinastía ptolemaica construyeron nuevas estancias alrededor del núcleo principal, hasta darle un aspecto semejante al actual. Tras anexionarse Egipto al Imperio Romano, los emperadores Augusto y Tiberio culminaron su construcción y su decoración. A partir del siglo VI, quedó abandonado.
'Cuando fue construido se dedicaba al rito diario. Su fin principal era mantener el orden cósmico, ya que el pueblo egipcio era una cultura muy conservadora. Siempre pedían que las cosas se quedaran tal y como las hizo el Demiurgo', explica Antonio Martín Flores, arqueólogo y conservador del templo.
Pero no se quedaron igual. La Unesco (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) hizo un llamamiento internacional en 1960 para salvar los monumentos y lugares arqueológicos de la Baja Nubia ante la construcción de la presa de Asuán. España obtuvo en 1968 el templo de Debod como agradecimiento por la ayuda prestada en el salvamento de Abu Simbel. Después fue reconstruido y abierto al público en el paseo del Pintor Rosales, en 1972. Cada año visitan el lugar unas 60.000 personas.


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Cleopatra no era fea en absoluto


Dotado de un noble perfil que sugiere poderosamente los faraónicos rasgos de la venerable momia de Seti I, el egiptólogo francés Jean Yoyotte (Lyón, 1927), de visita en Barcelona, es una de las autoridades mundiales en su campo y un hombre simpático y sensato que pide prudencia a la hora de evaluar los hallazgos arqueológicos en el país del Nilo. Eso sí, no se corta un pelo en sus juicios. Para él, la nueva visión de una Cleopatra fea, como la muestra la exposición sobre la reina en el Museo Británico de Londres, es falsa y nada más que una reactualización de viejos prejuicios y 'teorías obsoletas'. Vamos, que los románticos pueden volver a respirar (y soñar) tranquilos. Yoyotte es también muy crítico con el novelista Christian Jacq, al que acusa de ofrecer una imagen del Egipto antiguo 'completamente desfasada'. Y en el terreno arqueológico, afirma que la búsqueda de los restos del Faro de Alejandría, una de las siete maravillas del mundo antiguo, se está realizando en el lugar equivocado: según el egiptólogo, hay que buscar 400 metros más al este. En cuanto a la nueva Biblioteca de Alejandría, cuya inauguración está prevista para otoño,se pregunta 'qué necesidad hay de ella en la época de Internet' y achaca su construcción a una 'operación de prestigio del Gobierno egipcio, cuando hay cosas mucho más importantes para hacer en el campo de la cultura en el mundo y en el propio Egipto'.
Profesor honorario del Colegio de Francia y especialista en las épocas más recientes del Egipto faraónico, Yoyotte subraya que la reconstrucción virtual que se ha hecho de Cleopatra como una especie de bruja con halitosis no se sostiene en bases científicas, y en cambio está basada en imágenes 'que no tienen nada que ver con Cleopatra'. ¿Y cómo era realmente ella? 'Pues no le puedo decir porque no la conocí personalmente', bromea el egiptólogo. 'Pero tanto, las fuentes literarias, como las imágenes, que sí están acreditadas como suyas, muestran que era una persona normal; por supuesto, no una top model, pero tampoco fea, y disponía de un encanto personal incuestionable'. Yoyotte considera que lo que se ha hecho para la exposición en Londres (y no cuando la misma exhibición se presentó antes en Roma) es resucitar una vieja tradición de representar a la reina como 'puta depravada' que arranca ya desde Augusto y en la que se mezclan prejuicios políticos y, luego, morales. En este caso, apunta, se ha hecho para darle gancho publicitario a la exposición.
Yoyotte es un personaje privilegiado para hablar de las excavaciones submarinas en Alejandría y de la auténtica guerra que protagonizan los equipos de Franck Goddio y Jean-Yves Empereur. Aunque Yoyotte colabora con el cuestionado Godio -del que valora sus grandes medios tecnológicos-, prestándole un asesoramiento científico del que el cazatesoros anda muy necesitado, no deja de criticarle: 'Dijo que había encontrado el palacio de Cleopatra, pero no halló nada que tuviera que ver con ella'. En cuanto a lo descubierto el verano pasado en la bahía de Aboukir, restos de la ciudad de Canope, 'eso sí es relevante, de gran importancia para esclarecer la topografía antigua de la costa alejandrina, pero yo le pedí que esperara antes de anunciarlo para poder explicarlo bien. El problema es que si tienes patrocinio has de encontrar cosas sensacionales y darlas a conocer ante las cámaras de todo el mundo sin tiempo a verificarlas'. Para Yoyotte, Empereur también ha caído en la trampa del a ver quién la encuentra más grande. El egiptólogo juzga 'prematura' la consideración de Empereur de que ha descubierto la localización y restos del legendario Faro. Yoyotte cree, apoyado en sondeos de Godio, que el Faro estaba en realidad no bajo el actual fuerte de Quait-Bey, sino más en la punta de la antigua isla, ahora bajo el mar. Argumenta -además de ciertos indicios arqueológicos- que en la situación que lo coloca Empereur su luz hubiera enviado a los barcos contra los escollos, mientras que más adelantado marcaría la situación exacta del profundo canal natural de entrada al puerto.
En todo caso, para Yoyotte todo el mapa de la antigua Alejandría debe volver a hacerse 'desde cero'. Y sin demasiadas ilusiones, visto el grado de destrucción sufrido por la ciudad, de que puedan hallarse los grandes monumentos, como la tumba de Alejandro Magno, de la que se perdió el rastro en el siglo III. El estudioso recuerda que no sólo desconocemos el emplazamiento de esa tumba, sino el de las de todos los Ptolomeos, que estaban cerca de la del fundador de la ciudad. Y, por cierto, el de la de Cleopatra, que se hizo una especie de palacio-tumba. Hallar la momia de la reina, una posibilidad con la que los egiptólogos no se atreven ni a soñar, esclarecería mucho sobre su físico.
Yoyotte cree que la vieja Alejandría, sus edificios y monumentos destruidos, reutilizados, incluso arrojados al mar, se disolvió en un revoltijo de 'piedras errantes'. Y dilucidar su planta es una complejísima operación que requiere paciencia y método científico y no, como asegura que se ha hecho hasta ahora, 'mucha, demasiada imaginación'. Para el egiptólogo, que pide humildad y prudencia a sus colegas, el valor de un descubrimiento no está en lo sensacional que sea, 'sino en las claves que nos pueda ofrecer sobre el pasado'.
En cuanto a la egiptología española, el estudioso francés, que colabora con la barcelonesa Fundación Clos, reflexiona antes de emitir su juicio y pone cara de Toth: 'Hay genio creativo, talento, buenos egiptólogos, pero también una cierta anarquía. Se desperdician medios y falta coordinación'.


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domingo, 22 de julio de 2012

El monje y la momia


Monjes y antigüedades egipcias conviven en Montserrat desde que, a principos del siglo XX, uno de los más singulares miembros de la comunidad, el aventurero padre Bonaventura Ubach, comenzó a enviar a la abadía, a fin de formar un museo bíblico, los objetos recolectados en sus expediciones por Oriente Próximo. El Museo de Montserrat ha decidido potenciar y divulgar esta colección, que incluye piezas de primera categoría como el sarcófago y la momia -de un adulto de sexo indeterminado de hace 2.500 años- de la foto.

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Descubierta en Saqara la tumba de un noble del antiguo Egipto


Los vestigios de una tumba perteneciente a un alto funcionario de la VI dinastía faraónica, que gobernó Egipto entre los años 2322 y 2130 antes de Cristo, fueron descubiertos al sur de El Cairo. Según el ministro egipcio de Cultura, Faruq Hosni, citado ayer por la prensa local, un equipo del Consejo Supremo de Antigüedades (CSA) halló la sepultura en la zona arqueológica de Saqara, una de las más ricas en antigüedades faraónicas.
La tumba fue descubierta en un lugar de la necrópolis del faraón Teti I, primer rey de la VI dinastía del Imperio Antiguo, precisó Hosni. Por su parte, el secretario general del CSA, Zahy Hawas, indicó que la tumba pertenece al mayordomo del palacio Real y encargado de las finanzas y almacenes de legumbres, identificado con el nombre de Shed Abad Shedy.
La sepultura, construida de adobe, consta de una puerta falsa de piedra caliza blanca, de 163 centímetros de alto y 90 de ancho que contiene ocho bandas verticales de grabados jeroglíficos que explican los títulos y puestos que tenía el alto funcionario, agregó Hawas.
En la parte superior de la puerta se aprecia una imagen esculpida de Shed Abad Shedy sentado frente a un altar de ofrendas, mientras que a ambos lados de ella se contemplan otras cuatro figuras que lo representan de pie llevando una peluca y un collar sobre su pecho.


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domingo, 15 de julio de 2012

Egiptólogos españoles hallan en Luxor un ataúd con una momia intacta



La segunda campaña de excavación del Proyecto Djehuty, que una misión española lleva a cabo en la tumba de este noble en la necrópolis tebana de Dra Abu el-Naga (Luxor), se está revelando como una de las más sensacionales de la egiptología de nuestro país. A los numerosos hallazgos de importancia se ha sumado ahora el de un extraordinario ataúd de madera tallado con la figura y el rostro de una mujer y que los científicos datan en el Imperio Nuevo (1550-1069 antes de Cristo). "¡Estamos en racha!, es una preciosidad", explica telefónicamente desde Luxor José Manuel Galán, director de la misión, "parece de la 18ª dinastía, está ligeramente estucado y pintado, estaba sin abrir ¡y hemos encontrado la momia intacta dentro!". Los egiptólogos trasladarán la momia a un hospital para una sesión de rayos X a fin de dilucidar, sin dañarla, si bajo las vendas de lino hay amuletos u otros objetos. El ataúd fue desenterrado en el espacio exterior de la tumba de Djehuty; los egiptólogos creen que fue abandonado allí por saqueadores de sepulcros y que luego le cayó una pared exterior encima, ocultándolo.

Otro hallazgo del equipo español ha sido un fragmento de un vaso de alabastro con el cartouche del faraón Ahmose, el fundador de la poderosa 18ª dinastía, de la que forman parte personajes como Tutmosis III, Akenatón o Tutankamón. "Se sabe poco sobre Ahmose y su tumba no ha sido aún encontrada, así que es fácil imaginar la trascendencia de cualquier testimonio sobre el rey", dice con entusiasmo Galán. Ese entusiasmo es lógico: los hallazgos del equipo incluyen la parte superior de otro hermoso ataúd, una cuadrícula de proporciones, gran cantidad de vendas de lino, alguna con inscripciones, y mucha cerámica, entre otros objetos.
Como muestra del interés que ha despertado la labor de los españoles, el director general del Servicio de Antigüedades de Egipto, Zahi Hawass, visitó el lunes la excavación. El ambiente, pese a los aires de guerra en Oriente Próximo, "es bueno, aunque hay muy pocos turistas, cosa que la gente de aquí no entiende". La misión española, patrocinada por Telefónica, no regresará hasta el día 22, así que aún hay tiempo para nuevos hallazgos.
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Luz sobre los legendarios reinos de Nubia



Una exposición en CaixaForum, en Barcelona, ilumina, a través de 350 piezas, la poco conocida historia de las civilizaciones surgidas entre Egipto y el África negra, en parte del actual Sudán. La muestra cubre más de cinco mil años, desde el Neolítico hasta la Edad Media, incluye los reinos de Kerma, Kush, Napata y Meroe, y presta atención a los "faraones negros", los soberanos nubios que se sentaron en el trono egipcio. Si algún lugar del mundo está iluminado por una magia extraña es la antigua Nubia. Ni el espíritu menos romántico evitará sentirse seducido por los nombres y el rescoldo de la grandeza y misterio de los viejos reinos e imperios que allí, entre Asuán y Jartum, crecieron y se derrumbaron: Kerma, Kush, Napata, Meroe, Alwa, Makuria. De aquella legendaria región, repartida hoy entre Egipto y Sudán, llega un eco de caballos negros sacrificados en altos túmulos bárbaros, imágenes de pirámides extravagantes de fuertes pendientes y devastadas por la arena, faraones negros con la corona de la doble cobra, montañas puras y dioses extraños como Apedemak, el león victorioso, y Mandulis. "En Kerma, veinte mil tumbas ondulan bajo la arena bajo enigmáticas catedrales de barro seco", escribe Olivier Rolin en su hermosa novelaMeroe (Anagrama), un ejemplo del terrible lirismo que inspiran los territorios nubios y sus ruinas.

A ese mundo abigarrado de reinos, siglos y polvo, tan asombroso como poco conocido para la mayoría, está dedicada la nueva exhibición que la Fundación La Caixa ha organizado, siguiendo una tradición expositiva sobre antiguas culturas remotas que ha tenido ya felices paradas en la isla de Pascua, Nigeria, Tíbet o Afganistán. Bajo el título de
Nubia. Los reinos del Nilo en Sudán, la exposición está compuesta por 350 piezas procedentes de 15 instituciones y museos, entre ellos, el British Museum, el Museum of Fine Arts de Boston, el Sudan National Museum de Jartum y el Museo Arqueológico de Madrid.Tierra del oro de los antiguos egipcios, por la que discurrían además hacia el norte las maravillosas dádivas del trópico -pieles de leopardo, colmillos de elefante, plumas de avestruz, esclavos de ébano-, Nubia, conocida genéricamente en el Egipto faraónico que influyó y fue influida por ella como el reino de Kush, fue patria acreditada de feroces guerreros y excelentes arqueros. Una tradición que, representada por ejemplo por la tropa de estatuillas de la tumba del príncipe egipcio Mesehti, llegó hasta tiempos de la conquista islámica, cuando el ejército que había tomado Alejandría hubo de retirarse ante las murallas de Dongola, donde los arqueros nubios, entonces cristianos, apuntaban a los árabes preguntándoles a gritos dónde querían que les clavaran sus flechas antes de asaetearlos en los ojos.
La exposición aborda la protohistoria nubia, la civilización de Kerma, célebre por sus bucráneos y sus sacrificios humanos, el reino de Kush -con sus sucesivas capitales de Napata y Meroe- y su profunda imbricación con el Egipto faraónico; el reino de Meroe, su enfrentamiento con Roma y la supervivencia de sus dinastía hasta el 350 después de Cristo, los reinos medievales cristianos y la nubia islamizada.
Episodio fundamental en la historia nubia fue la conquista del vecino del norte por los grandes reyes egipcianizados de Napata, la Tebas del sur, que se hicieron enterrar allí, junto a la montaña sagrada de Djebel Barkal, en pequeñas pirámides de lados escarpados, y cuya dinastía se contabilizó como la XXV de faraones de Egipto, los llamados "faraones negros".
El heterogéneo conjunto de la exposición, que incluye desde arte rupestre y Venus neolíticas hasta alfarería medieval pasando por estelas y estatuas de estilo egipcio, cálices, vasos, amuletos, elementos cosméticos, joyas y relieves, se agrupa, para facilitar la comprensión, en seis ámbitos temáticos (Los nubios y su entorno, Nubia y sus relaciones con Egipto y Roma, La realeza y la sociedad, La tecnología, La religión y El mundo funerario) más un epílogo sobre la recuperación arqueológica de todo ese patrimonio, prestando especial atención al papel jugado por España en esa labor.
"La idea de la exposición", indica la comisaria de la misma, la conocida egiptóloga Carmen Pérez Die, "surgió hace tres años con el entonces director Lluís Monreal, que había participado en la campaña de salvamento de los templos de Nubia de inicios de los sesenta y recordaba aquello con emoción, lamentando que hubiera caído un poco en el olvido". Pérez Die, que señala que parte del material obtenido en aquellas campañas nubias de salvamento está depositada en el Museo Arqueológico de Madrid y que a raíz de participar en aquella operación España logró el templo de Debod y la concesión para excavar en Heracleópolis (trabajos que dirige ella), explica que la idea ha sido mostrar cómo una serie de culturas poseían su propia historia aparte de la egipcia, "darlas a conocer enfatizando el papel en su investigación y conservación de los arqueólogos españoles". Por supuesto, se trataba también "de un mundo que nos fascinaba, el de unas civilizaciones y reinos muy vinculados a Egipto, pero que supieron guardar su personalidad y conservaron una influencia africana muy importante".
La egiptóloga recalca que aunque hasta hace poco se ha considerado la cultura nubia como subsidiaria de Egipto, "hoy ha adquirido rango propio y actualmente se plantea la relación en términos de reciprocidad e influencia mutua".
Pérez Die, pese a abordar con estricto espíritu científico la exposición y contar con varios de los mejores especialistas mundiales, no es en absoluto insensible al encanto poético de Nubia: "El desierto es fascinante, con esa luz clara que ves bañar las viejas pirámides de Meroe. Todos los que hemos estado allí, lo echamos de menos".

La corona de la doble cobra

LA COMISARIA Carmen Pérez Die se resiste a destacar piezas de la exposición, que no posee obras monumentales tipo colosos ni ha contado con material procedente de los museos egipcios, aunque sí con una colaboración muy generosa de los sudaneses. No obstante, ante la insistencia, señala una estatua de granito del rey Senkamanisken, del siglo VII antes de Cristo, procedente del maravilloso lugar de Djebel Barkal, la "montaña pura" que representaba, por su perfil, el tocado del faraón con el dobre ureus -cobra- característico de los reyes kushitas y que luce, precisamente, la estatua. Y también indica un peine neolítico de tres púas, "que te pone los pelos de punta", y una estela real, y un vaso de porfirio negro, un ungüentario. En todo caso, puntualiza, "lo bonito es todo, el conjunto". La exhibición incluye una selección de 70 piezas que son "lo mejorcito" del Museo Arqueológico de Madrid. Fiel a la tradición de las exposiciones de civilizaciones pasadas de la Fundación La Caixa, ésta de Nubia presenta también algún acompañamiento escenográfico y filmaciones y fotografías.

Pérez Die recalca que la exhibición dedica espacio a todos los españoles que han trabajado en Nubia, lo que incluye a la barcelonesa Fundación Clos, que realizó varias campañas en la necrópolis de pirámides reales junto a Djebel Barkal.


Fuente EL PAÍS