jueves, 31 de mayo de 2012

Científicos belgas escanean una momia para reconstruir sus rasgos


Investigadores del Centro Hospitalario Universitario de Lieja (Bélgica) están escaneando minuciosamente la cabeza de una momia egipcia que data de hace 2.500 años, y confían en que los resultados permitirán la reconstrucción de los rasgos que esa persona tuvo en vida, y posteriormente indagar acerca de la identidad del cadáver.
La técnica empleada es similar a la que permitió el pasado mayo contemplar reconstruido el rostro del famoso faraón Tutankamon, muerto hace 3.000 años, desvelando así uno de los más pertinaces misterios de la egiptología. La momia de Tutankamon, descubierta en los años veinte del siglo XX, había sido examinada por rayos X en 1978 y 1988.
La técnica por escáner permite seguir milímetro a milímetro las líneas de los huesos, incluyendo la dentadura, y lograr separadamente una estructura de la piel. De ese modo, resulta posible reproducir en tres dimensiones el cuerpo analizado.


FUENTE EL PAÍS

miércoles, 30 de mayo de 2012

Hallado un sepulcro con cinco momias junto a la tumba de Tutankamón


El Valle de los Reyes egipcio está agotado, decían algunas voces. Lo decían antes de que Carter descubriera la tumba de Tutankamón en 1922 y lo siguieron diciendo después. Y el valle, la más fascinante necrópolis del mundo, sordo a esas voces, continúa deparando sorpresas, enormes y excitantes sorpresas. La última es el sensacional hallazgo, anunciado ayer por las autoridades egipcias, informa Reuters, de un sepulcro aparentemente intacto de finales de la dinastía XVIII (1550-1319 antes de Cristo), la misma época de Tutankamón, y que contiene al menos cinco momias en sarcófagos y un gran número de vasijas selladas.


"Tiene una pinta estupenda", opinó ayer del hallazgo en conversación telefónica con este diario desde Luxor el egiptólogo español José Manuel Galán, que excava actualmente en la zona.
Los detalles del descubrimiento, que se presentará oficialmente hoy, son aún escasos: la tumba está a tiro de piedra de la de Tutankamón y ha aparecido mientras se excavaban las ruinas de las cabañas de los constructores de la tumba del nieto de Ramsés II, Amenmeses (KV-10, según la numeración de la necrópolis), ubicadas junto a ésta. Las momias no han sido identificadas aún.
El hallazgo, casual, se enmarca en los trabajos de la Misión de la Universidad de Memphis (EE UU) que dirige Otto J. Schaden y que desde 1992 investiga y limpia de escombros la KV-10 y excava sus alrededores en busca de depósitos de fundación (pozos en los que se colocaban los materiales sobrantes de la momificación). En el curso de esas excavaciones, que depararon la sorpresa de todo un complejo de construcciones para albergar a los trabajadores de la tumba del oscuro faraón Amenmeses -casi un Deir el-Medina, la ciudad de los obreros de la necrópolis, en miniatura-, ha aparecido el inesperado enterramiento. Se trata de una especie de pozo a tres metros de profundidad y de momento sólo se ha podido echar una mirada a su interior.
Por su configuración y la forma de estar colocados los sarcófagos, alineados contra una pared, el sepulcro tiene toda la apariencia de ser un cachette, un escondite, donde los guardianes y sacerdotes de la necrópolis volvían a enterrar los cuerpos de los difuntos cuyas tumbas habían sido saqueadas. De hecho, las momias de los más famosos faraones de Egipto -excepto Tutankamón- no han sido halladas en sus tumbas oficiales, sino en escondrijos de ese tipo. El más célebre de estos cachette, como se los denomina en el argot egiptológico, es el de Deir el-Bahari, de donde Gaston Maspero extrajo en 1881 los cuerpos de todo un equipo de primera división de faraones que incluía a Ramsés II, Tutmosis III y Seti I. En 1891, Eugène Grébaut descubrió también en la misma área (y también previo soplo de los saqueadores Abd el-Rasul) el escondrijo de Bab el-Gasus con las momias de los sacerdotes de Amón (¡153 sarcófagos!).
"Parece un cachette", admite Galán, que excava junto al Valle de los Reyes, en Dra Abu el Naga, la tumba de Djehuty. El egiptólogo conoce el nuevo hallazgo y ha hablado con personal que trabaja en el mismo. "Hay un ambiente de gran expectación aquí. Está junto a la zona de entrada de KV-10, entre las mismas casas de los trabajadores. De momento se ve una cámara, pero quizá haya más porque se percibe una esquina que dobla en la habitación. Se pueden ver cinco momias en ataúdes pintados de negro y amarillo, alineados con relativo cuidado, y cerámica con los tapones puestos. Todo ello con una pinta estupendísima". Galán destaca que el enterramiento es de la dinastía XVIII, lo que lo hace "interesantísimo" sean quienes sean los difuntos. ¿Pueden ser momias reales? "No lo creo; por la tipología deben ser de nobles".


FUENTE EL PAÍS

Egiptólogos españoles hallan en Luxor un ajuar funerario


El ajuar funerario de un matrimonio de nobles egipcios enterrados hace 3.400 años es uno de los principales hallazgos realizados este año en la antigua necrópolis tebana de Dra Abu el Naga (Luxor) por el equipo del Proyecto Djehuty que dirige el egiptólogo madrileño José Manuel Galán, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. El equipo, que presentó ayer los resultados de su quinta campaña en el yacimiento, donde excavan y restauran las tumbas de Djehuty y de Hery y el área adyacente, descubrió el ajuar en un pozo funerario entre las dos sepulturas.
Dicho ajuar incluye cuatro vasos canopos -para las vísceras de los difuntos momificados- con tapas policromas que representan rostros humanos, restos del tablero y las piezas de un juego de senet (parecido al backgammon), y un conjunto de cerámicas. Uno de los canopos conserva el nombre de la difunta, Khay.


FUENTE EL PAÍS

martes, 29 de mayo de 2012

Nuevo descubrimiento arqueológico en Egipto


Egipto es sin duda uno de los lugares del planeta que más fascinación provocan entre los aficionadas a las historia antigua y la arqueología. Desde hacía cierto tiempo un grupo de arqueólogos escavaban en las inmediaciones de la gran Esfinge. El esfuerzo dio sus frutos y ahora muestran a la luz un nuevo descubrimiento arqueológico en la tierra de los faraones.
Se trata de una especie de muralla construída alrededor del famoso monumento y tiene una antigüedad de nada más y nada menos que 3.400 años.
Fue construída por el faraón Thutmose IV (1401-1391 a.c) después de haber soñado que la esfinge le decía que se hundiría bajo la arena. Con esta pared el faraón pretendía protegerla de los vientos violentos y devastadores del desierto.
Según un comunicado emitido por el Ministerio de Cultura, dos secciones de la muralla fueron descubiertos, un 86 metros de largo y 75 cm y los otros 46 metros de largo y 90 cm de altura.
Además de este hallazgo los arqueólogos localizaron las dependencias de los sacerdotes del culto de Khafra.
Egipto sin duda continuará año tras año regalándonos nuevas sorpresas que nos permitirán conocer mejor su historia misteriosa y seguir invitándonos a visitarla una y otra vez.



FUENTE EL DIARIO DEL VIAJERO  

lunes, 28 de mayo de 2012

Quizá la tumba K V-63 fue la de Kiya, la madre de Tutankamón


Otto Schaden (Chicago, 1937) es el hombre que se enfrenta al misterio de KV-63, la primera tumba que se descubre en el Valle de los Reyes (Luxor) después de que Howard Carter hallase en 1922 la de Tutankamón (KV-62). En esta entrevista, Schaden, que sufrió el año pasado un infarto -a causa del exceso de trabajo y no de una maldición faraónica-, habla de las extrañas características de la nueva tumba y señala los caminos que sigue la investigación.
"Hasta la fecha, no podemos verificar que haya piel o carne humana en la KV-63"
"La tumba se utilizó para ocultar artículos funerarios, materiales sagrados"
Cuando el veterano egiptólogo estadounidense Otto Schaden dio en 2005 con el pozo que conducía a la tumba KV-63, a la que accedió por fin hace un año, supo que iba a hacer historia en la arqueología, pero no podía imaginar qué extraño y desconcertante panorama le aguardaba. Y es que la pequeña y vieja, de casi 3.500 años, KV-63, con los siete sarcófagos, las momias que no han aparecido por ningún lado y el despliegue de material de embalsamar, es de lo más raro y cada paso en su interior obliga a formularse nuevas preguntas. Pese a todo, y a la prudencia de que hace gala Schaden, enfrentado a un alud de hipótesis y teorías, KV-63, cuya excavación patrocina Discovery Channel, va librando sus secretos. El egiptólogo apunta que hay evidencias que relacionan KV-63 con Tutankamón. KV (por King Valley), seguida del número por orden de descubrimiento, es la nomenclatura genérica que se da a las tumbas del valle de los Reyes.


Pregunta. ¿Qué demonios es la tumba KV-63?


Respuesta. La contestación más sencilla es que es un lugar con materiales de embalsamamiento que se habían ocultado, supongo que para toda la eternidad. La ausencia de momias parece descartar cualquier uso como espacio de enterramiento, aunque al principio probablemente se construyera como una tumba para alguien de cierta importancia (ya que está situada en el valle). Inicialmente, parecía que esta tumba, que quedó inacabada, podía haber servido como un cache, un escondite de otros enterramientos, tal vez de momias llevadas de otras tumbas y ocultadas en el valle de los Reyes hacia el final de la dinastía XVIII (la de Tutankamón). La primera vez que miramos por la puerta de la tumba, ésa parecía una clara posibilidad. Puede que las primeras impresiones sean útiles, pero no siempre son correctas. La ausencia de momias y la abundancia de objetos típicos para embalsamar indican que la tumba se utilizó para ocultar artículos funerarios, unos restos inapropiados para ser enterrados con las exequias, pero materiales que por alguna razón eran demasiado sagrados como para deshacerse de ellos tirándolos a la basura.


P. ¿Podría ser KV-63 una sala de momificación?


R. No creo que se utilizara para embalsamar. El embalsamamiento en sí probablemente se llevara a cabo en refugios temporales, y para la realeza, seguramente cerca del templo mortuorio.


P. Finalmente, pues, no hay momias en KV-63. ¿Le ha decepcionado mucho no encontrarlas? Después de tanta expectación...


R. Mucha gente pregunta qué nos gustaría encontrar, y mi respuesta es que sólo podemos encontrar lo que los antiguos y los elementos han conservado para nosotros. Cuando nos dimos cuenta de que había siete féretros, pensamos que, en consecuencia, posiblemente habría siete momias. Pero tras una inspección más detenida, quedó claro que los sarcófagos A, B, C y F estaban llenos de cascotes y otros objetos. El féretro G estaba lleno de almohadas y contenía además un pequeño sarcófago dorado, quizá destinado a una estatua funeraria. Cabía la posibilidad de que los féretros D y E ocultaran una momia, pero el D estaba vacío y el E...


P. Ese último sarcófago por abrir había alimentado grandes esperanzas. Se susurraba el nombre de la viuda de Tutankamón, Ankesenamón, o el de la supuesta madre del rey, Kiya.


R. A pesar de las abundantes especulaciones, se descubrió que el último féretro contenía collares florales, mampostería, mucho natrón (sal usada en la momificación para desecar el cuerpo) y telas. No había momia. Déjeme añadir que es cierto que hay muchas teorías sobre KV-63, pero no son mías o de mi personal. Mi modo de obrar consiste en lidiar con las pruebas y luego intentar sacar conclusiones que encajen. Tiendo a evitar la especulación, a menos que exista alguna prueba atractiva. Prefiero ser vago o, digamos, evasivo hasta que pueda sacarse una conclusión segura. No me gusta plantear suposiciones aventuradas y luego alterarlas sin parar.


P. ¿Es cierto que en la tumba han aparecido algunos restos humanos? ¿Pudiera ser que originalmente sí hubiera momias y éstas simplemente se hubieran descompuesto en su totalidad?


R. Es posible que en los muchos kilos de natrón que hemos recogido de las jarras y los féretros aparezcan trozos de tejido humano, de cuando se sacaron las bolsas de natrón de las cavidades corporales. Sin embargo, hasta la fecha, no podemos verificar que haya piel o carne humana en la KV-63. Todavía quedan más jarras por abrir y mucho natrón que examinar. En cuanto a la otra pregunta, es improbable que las momias se hubieran descompuesto del todo, ya que habrían estado cerradas herméticamente en la tumba KV-63 durante más de 3.300 años. Hemos hallado madera, delicados materiales vegetales, telas e incluso parte de una sandalia de cuero. También encontramos un animal, un pájaro, y espinas. Si estos objetos han sobrevivido, no cabe duda de que una momia (o fragmentos de ella) también lo habría hecho.


P. ¿Qué explicación tienen las cosas encontradas en los féretros?


R. El natrón, las bolsas de natrón y algunos objetos sin duda se utilizaron para el proceso de embalsamamiento,. Es probable que algunas cosas, como los collares florales, que se hicieron con flores frescas, se utilizaran para algún aspecto del funeral y que luego se depositaran con los objetos de embalsamamiento. Las almohadas son más complicadas de explicar. Puede que se utilizaran para el proceso de momificación y que por tanto se depositaran con objetos, como el natrón y la paja, que completaban su papel en el proceso antes de vendar a la momia, o a las momias.


P. ¿Los sarcófagos fueron utilizados alguna vez para enterrar a alguien?


R. En este momento no podemos ofrecer respuestas definitivas. Una vez que se hayan restaurado y limpiado, quizá sea posible reconstruir su historia.


P. ¿Hay alguna prueba de que KV-63 pertenezca a la realeza?


R. Los féretros de la tumba no muestran ninguna insignia real. El espléndido rostro femenino que aparece en el sarcófago F recuerda mucho a algunos retratos de Tut
[Tutankamón, familiarmente] que figuran en objetos de su tumba, la KV-62, pero los obreros de la necrópolis y los artesanos no sólo trabajaban para los reyes. Se han hallado muestras del sello oficial del valle (una figura del chacal Anubis recostado sobre nueve cautivos atados) en algunos de los féretros y las jarras de almacenaje, pero hasta ahora ninguno de nuestros ejemplos tiene cartucho
[el grafismo oval dentro del que se escribía el nombre en jeroglífico de los reyes y reinas]. La estructura de la KV-63 no muestra un diseño real, pero muchas de las tumbas del valle tienen una planificación similar. Imagino que esas tumbas privadas eran una señal de favor especial del rey. Lamentablemente, se conoce el nombre de muy pocos propietarios de estas tumbas no reales del valle de los Reyes. En una nota más positiva, los materiales de la KV-63 son sorprendentemente similares al material de embalsamamiento de la pequeña tumba KV-54, encontrada hace casi un siglo por Theodore Davis. Más tarde, Herbert Winlock identificó los materiales de la KV-54 como residuos de embalsamamiento para el funeral de Tutankamón. La cerámica es sorprendentemente parecida, y ése es uno de los motivos que nos hacen suponer que los materiales de la tumba KV-63 deben de pertenecer a la misma época.


P. ¿Los objetos de la tumba fueron depositados a la vez?


R. És una pregunta importante que no se ha investigado del todo. Sabemos que hubo una intrusión -al menos una- después de que el pozo se llenara de escombros. Es muy probable que esa intrusión fuese destinada a dejar más objetos en la tumba y no a llevarse algo.


P. ¿Por qué se ennegrecieron los féretros?


R. Parte del motivo quizá fuera ocultar cualquier prueba que pudiera revelar el nombre y el título del propietario. Los textos del sarcófago E están claramente ocultos por la resina, y puede que haya algunas cintas en el sarcófago G que también estén cubiertas por la resina. Los sarcófagos A, B, C y F están ennegrecidos, pero sólo algunos podrán restaurarse lo suficiente y con bastante solidez como para intentar investigar bajo la resina. Mientras tanto, podemos decir que los féretros carecen de insignia real alguna, así que parecen haberse preparado para personajes no reales.


P. Se ha dicho que KV-63 podría ser la tumba de Kiya, a la que algunos consideran la madre de Tutankamón.


R. Aquí nos topamos con una especulación tras otra. La proximidad de KV-63 y KV-62 (sólo 16 metros las separan) tiende a magnificar las otras evidencias que señalan un estrecho vínculo entre las tumbas KV-54, KV-55, KV-62 y KV-63. Todas estas tumbas de la última fase de la dinastía XVIII están muy relacionadas. Quizá se sepa algún día si los materiales de la tumba KV-63 se utilizaron para Kiya (u otro), pero, por ahora, las pruebas sólo apuntan a una época contemporánea o extremadamente cercana a la del reinado de Tutankamón.


P. ¿Puede añadir algo sobre la relación de KV-63 con Tutankamón?


R. Muchos tipos de cerámica son idénticos a los de la tumba KV-54, que se sabe que está inequívocamente vinculada a Tutankamón. Las impresiones de los sellos guardan paralelismos que relacionan las tumbas KV-54, KV-55, KV-62 y KV-63. La única fecha conocida de KV-63 es una etiqueta de una jarra de vino que data del año 5 y que contiene vino de la ciudad de Tjaru. En la tumba de Tutankamón había vino de un estado de Atón y Tjaru datado del quinto año de Tut. ¿Una coincidencia?


P. Háblenos de las inscripciones. ¿Hay nombres propios?


R. No abundan las pruebas escritas. Los textos del sarcófago E parecen mostrar el nombre de Kebeh-senuf, uno de los hijos del dios Horus, asociado a la protección mágica de algunas vísceras. En las impresiones de sellos se mencionan los nombres del Atón y Amón-Ra, y también jeroglíficos que representan a Ra y Osiris.


FUENTE EL PAÍS


La falsa Juana de Arco


Los supuestos restos de Juana de Arco, que murió en la hoguera en 1431, pertenecen en realidad a una momia de hace entre 2.300 y 2.600 años, según los análisis científicos realizados ahora de las reliquias custodiadas en un museo de Chinon (Francia), de la Archidiócesis de Tours. El forense Philippe Charlier, con la ayuda de dos perfumistas, ha estudiado los restos y su conclusión es tajante: son falsos.
Los científicos aclaran el fraude de los restos que se conservan en Francia
Una costilla humana supuestamente carbonizada, unos trozos de madera chamuscada, un trozo de lino de 15 centímetros y un fémur de gato aparecieron en un tarro en el desván de una farmacia en París, en 1867, con una inscripción: "Restos hallados bajo la estaca de Juana de Arco, virgen de Orleans". Pese a que leyendas, mitos y contradicciones rodean a la heroína y su trágica muerte, la Iglesia reconoció como auténticas las reliquias del tarro. El hueso de gato no choca si se tiene en cuenta la práctica medieval de tirar un gato negro a la pira de ejecución de supuestas brujas, puntualiza la revista científica Nature, donde Charlier presenta los resultados de su investigación.
El científico forense y su equipo, tras obtener el permiso de la iglesia francesa, sometieron los restos contenidos en el tarro a todo tipo de análisis físicos y químicos con varios espectrómetros, microscopía electrónica, pruebas de carbono 14 y estudios de polen. La ayuda de los perfumistas Sylvaine Delacourte (de la firma Guerlain) y Jean-Michel Duriez, (de Jean Patou) ha sido muy valiosa en la investigación. Charlier expuso a sus excepcionales olfatos las supuestas reliquias de la santa y unas muestras de control, explica Nature. Los expertos del perfume dictaminaron: olor a yeso quemado y a vainilla.
Lo del yeso quemado sería consistente con Juan de Arco, quemada en un poste de yeso y no de madera -para alargar su sufrimiento-, pero lo de la vainilla no cuadraba con la cremación. "La vainilla se produce durante la descomposición de un cuerpo, pero no cuando ha sido quemado", explica Charlier, científico del Hospital Raymond Poincaré de Garches (cerca de Paris).
Las evidencias se fueron acumulando hacia la pista de la momia. Los análisis de la superficie de la costilla y del fémur de gato demostraron que no habían sido quemados, sino impregnados con productos vegetales y minerales -incluidos productos que explican el oro a yeso-, y no tenían rastro alguno de músculo, piel, grasa o pelo. Sin embargo, el material encajaba bien con los procesos de embalsamamiento, con una mezcla de resinas y otros compuestos químicos. El trozo de lino hallado en el tarro cuadraba bien con las vendas utilizadas para envolver las momias.
Por si fuera poco, había polen de pino, que no era una especie de la Normandía de la época de Juana de Arco, pero que se usaba en Egipto para embalsamar. Las pruebas de datación con carbono-14 situaban los restos entre los siglos III y VI a. C. Charlier, que no se esperaba este resultado cuando empezó a investigar, recuerda en Nature que en la Europa de la Edad Media se usaban restos de momia en algunos remedios de botica.


FUENTE EL PAÍS

jueves, 24 de mayo de 2012

Adentrarse en las excavaciones del visir Amen-Hotep Huy es posible


Todos hemos querido alguna vez sentirnos como el mísmisimo Indiana Jones y ver los descubrimientos arqueológicos de cerca. Ahora es posible adentrarse en esas excavaciones y verlo todo de otra manera, gracias al documental Amen-Hotep Huy, tras el rastro del Visir.
El Instituto de Estudios del Antiguo Egipto de Madrid lidera esta excavación arqueológica que se está llevando a cabo en la ribera Occidental del río Nilo, en la zona que se conoce como Asasif, en el circo rocoso de Deir el Bahari donde se encuentra el Templo de la reina Hatshepsut.
El proyecto se inició en el año 2009 y hasta el momento ya se han desarrollado tres campañas arqueológicas, de tres meses de duración. Los trabajos, están siendo realizados por un equipo multidisciplinar al frente del cual, como Director y co-Directora están el Dr. Francisco Martín Valentín y Teresa Bedman.
Esta excavación posee un altísimo valor arqueológico, dado que el convulso periodo de la historia que investiga apenas está documentado en la zona de la antigua Tebas. Pero también destaca su importante aspecto artístico por la cantidad y calidad de las piezas halladas. Estos hallazgos sitúan al proyecto en la vanguardia de la egiptología mundial.
La tumba que lleva el numero -28- del Asasif es un monumento que consta de un patio exterior y de una capilla excavada en la roca. Los trabajos de la III Campaña se han concentrado en el interior de la capilla, de más de 500 metros cuadrados. Esta campaña se inició el pasado 15 de Octubre y finalizó el 20 de diciembre del 2011..
Los últimos descubrimientos revelan la existencia de un lugar de culto al Visir y la presencia de un taller de momificación permanente.
Hasta la fecha se han encontrado unas 45 momias y otros restos humano, pertenecientes a diversos periodos. Además, los hallazgos de las tres campañas suman ya más del 5.000 objetos: que van desde restos de sarcófagos bellamente policromados, a vasijas, pasando por collares, amuletos, así como estatuaria y elementos relacionados con el proceso de la momificación, etc.
Este proyecto está financiado y amparado por el Ministerio del Cultura de España, la Fundación Gaselec y el propio Instituto de Estudios del Antiguo Egipto.
También, participan otras entidades como la Fundación 3M, Airbus Military, Thales, Xelram, Egyptair, además se esponsoriza por medio de donaciones privadas.


Miquel Pérez-Sánchez: "La pirámide de Keops conmemora el diluvio universal"


El arquitecto ha reconstruido la forma original del monumento y ha constatado el uso de conocimientos científicos avanzados, como los números Pi y Phi, coordenadas geográficas y distancias estelares


La pirámide de Keops en la meseta de Guiza 


El arquitecto Miquel Pérez-Sánchez presenta su tesis en una serie de conferencias en el CSIC
Si hay un monumento en la tierra que ha levantado la admiración de cuántas civilizaciones lo han contemplado, este es, sin duda, la Gran Pirámide de Guiza, la única de las siete maravillas de la antigüedad que todavía se alza majestuosa a pesar de los contratiempos que ha sufrido a lo largo de los milenios. Por ejemplo, ha perdido su revestimiento original e incluso el vértice que la culminaba. El arquitecto Miquel Pérez-Sánchez ha puesto fin a estos agravios reconstruyendo informáticamente la que fuera la última morada del faraón Keops. Pero su tesis doctoral va mucho más allá de recuperar la forma original del monumento, también desarrolla una serie de teorías cuanto menos, sorprendentes.

-Se han hecho varias recreaciones en 3D de la Pirámide de Keops. ¿Qué aporta la suya?
-Hasta ahora se han hecho recreaciones ideales y esta es una recreación en su medida exacta. Y puedo decir que es exacta porque la propia pirámide certifica la reconstrucción.

-¿Cómo?
-A través de las leyes matemáticas. La primera confirmación fue que la superficie de la pirámide es 100.000 veces el número Pi en la unidad de medida que ellos utilizaban, el codo real. Eso significa que avanzaron en 3.000 años la definición del número Pi, y en una exactitud de seis decimales, cosa que no se consigue hasta el 500 d. C en China. Y la Gran Pirámide es del 2.500 a.C. Quise analizar a fondo todas sus medidas por si aportaban datos científicos.

-¿Y los aportan?
-Sí, y muchos. Es una pirámide muy singular porque empieza por tener un zócalo que da su unidad de medida, el codo real: 0,5236 metros.

-Era la medida habitual en las obras faraónicas…
-Efectivamente, pero es la única pirámide con zócalo y de un codo real. Otra peculiaridad: Las cuatro caras que definen la pirámide no son lisas. Su eje está un poco introducido para dentro, de tal manera que las apotemas están hundidas. No tiene cuatro caras triangulares, sino ocho semicaras triangulares, aunque las apotemas rehundidas presentaban un problema geométrico.

-¿Cúal?
-Hasta ahora se había definido que la base tenía 440 codos reales y la altura 280 más uno del zócalo. Estos 281 codos están proporcionados con la distancia del Sol en el perihelio, es decir, en el momento en que está más cercano a la Tierra. Mide 147,134 metros y la distancia al Sol en el perihelio es poco más de 147 millones de kilómetros. Multiplica la altura de la pirámide por 1.000 millones y…

-…llegamos al Sol. ¿No puede ser una casualidad?
-Podría serlo, pero curiosamente eso ya se sabía en la mitología asociada a la pirámide, la voz que nos llega del pasado.

-¿Qué más dice esa voz?
-En la reconstrucción, como que los ejes de las caras están ligeramente rehundidos, se producía una contradicción con las medidas hasta ahora aceptadas. La hilada de recubrimiento que ha quedado en la cara norte nos da con mucha aproximación la inclinación que tenía. Si la aplicamos, no llegamos arriba, nos quedamos cortos, no llegamos a la altura de 280 codos más uno. Eso me hizo pensar que quizás faltaba en la pirámide una coronación.

-El piramidón, ¿no?
-Sí, pero es que hasta ahora eran piramidales, por lo que hubiera tenido la misma inclinación y no se resolvía el problema de la falta de altura. Lo que estaría coronando la pirámide tenía que ser algo distinto, algo sobrepuesto. Pensando que las aristas de las pirámides representan los rayos pétreos del Sol, pensé que tal vez lo que había arriba era un símbolo del Sol, una forma esférica, una esfera.

-¿Lo ha podido verificar?
-Como en el vértice de la pirámide había una relación con el número e, la base de los logaritmos neperianos, pensé que el diámetro de la esfera podría ser e. Hice la simulación y me di cuenta de que el perímetro en codos reales de la plataforma que trunca la pirámide en su parte superior era el número Pi. Eso me confirmó la hipótesis de trabajo. Además, la altura del vértice me salía muy próxima al cociente de dividir un millón por 3.600. Para los egipcios, el millón era el número del infinito, y 3.600 son los segundos de una hora y un grado. Podría representar lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño.

-Vaya.
-Era una hipótesis de trabajo, pero no tuve la certeza hasta que medí la dimensión del monumento, y resultó ser 100.000 veces el número Pi. Eso ya me dio la pista de que íbamos por el buen camino y que la reconstrucción estaba realizada, pero el monumento me ofreció otra comprobación.

-¿Cuál?
-La suma en codos reales de la superficie, el volumen y el perímetro de la Gran Pirámide nos da un múltiplo de 888. Por otra parte, extrañamente, el monumento parecía tener medidas en metros, lo que es difícilmente explicable. Se me ocurrió hacer la transformación de codos reales a metros a través del número Phi, la proporción áurea, lo que permite una transformación absolutamente exacta entre ambas unidades. Y la suma de la superficie, el volumen y el perímetro en metros lo confirmó al repetir la ley del 888.

-¿Y qué simboliza el 888? Suerte que no es el 666…
-El análisis del 888 nos lleva seguramente a entender que lo del 666 es un mito, como tantas cosas que nos llegan de la antigüedad. No he encontrado a nadie que me sepa explicar esta ley a nivel matemático. El dios único se oculta tras el 888. Es un tema complejo y apasionante. Utilizaron el 888 como confirmación del espacio y el tiempo del monumento.

-¿El tiempo?
-La Gran Pirámide tiene cuatro canales estelares que salen dos en dirección al norte y dos en dirección al sur de la Cámara del Rey y de la Cámara de la Reina. Dos alineaciones de Marte con los canales estelares del sur han permitido fijar con total exactitud las fechas inicial y final de la Gran Pirámide. Dentro del reinado de Keops vemos, a tres años del inicio, una alineación de Marte con uno de los canales, y unos tres años antes del final del reinado, se produce la otra. Las conclusiones nacen cuando ves que la distancia temporal que hay entre una y otra es de 6.216 días, y esto es 7 veces 888.

-¿Las alineaciones no podrían señalar otras cosas que no fueran el inicio y final de la construcción?
-No estábamos allí para fotografiarlo, pero ¿qué dirías que podrían indicar si no?

-Por ejemplo, el nacimiento de Keops.
-Eso podría ser si estuviéramos ante un monumento funerario, pero tiene una trascendencia muy superior.

-¿Cuál?
-Si te digo que este monumento conmemora el milenario de un gran cataclismo, ¿qué me dirás? La fecha inaugural son 1.000 años astronómicos de 365,25 días y la del inicio, 983 años solares, de 365,2422 días. Plutarco dice que la muerte de Osiris, que los egipcios celebraban con cuatro días de duelo, se produjo el 17 de athyr, y nos sitúa la posición del Sol en las constelaciones y nos describe la fase en que se halla la Luna. Con un avanzado programa informático de astronomía vi que unas de las fechas en las que se cumplían los datos de Plutarco, era exactamente 1.000 años antes del día señalado por el canal que fijaba el final de las obras.

-¿Y qué pudo haber pasado 1.000 años antes de la construcción?
-Muy probablemente se trate del llamado diluvio universal. La mitología del génesis egipcio es diluvial. Y en un templo se explica que el saber de Egipto proviene de siete sabios originarios de una tierra en la que todos sus habitantes murieron por una inundación repentina. Este tema ligaría con el mito de Osiris, un semidios extranjero que trajo la agricultura y que fue el primer faraón en unificar el Alto y el Bajo Egipto.

-¿Pero ese no fue el rey Escorpión?
-Son mitos paralelos, en algunos momentos puede fundirse entre ellos, aunque el mito de Osiris sea anterior.

-En el año 3.500 a.C. estamos en el período de Naqada II, en el pleno predinástico egipcio, y no se han encontrado evidencias de diluvios…
-Puede ser, pero no está claro que el diluvio fuera universal. Desde el punto de vista arqueológico no se han encontrado restos de un diluvio que lo cubriera todo.

-¿La teoría es que Osiris era una persona de otra civilización coetánea con el período de Naqada?
-Efectivamente. Y una persona o la personificación de un pueblo.

-¿Y qué es la pirámide de Keops?
-El monumento conmemorativo de una gran destrucción, del diluvio universal, de su milenario. El padre de Keops, Snefru, construyó tres pirámides. La primera, la de Meidum, inicialmente era una pirámide escalonada, y al final de su reinado, después de haber construido dos pirámides en Dashur, la recubrieron con la misma inclinación que la Gran Pirámide: 51,84º. Parece, pues, como que estuvieran ensayando para conseguir la pirámide perfecta, como si tuvieran una cita con la historia.

-Vaya.
-El nombre oficial del monumento es El Horizonte de Keops. Cuando calculas el círculo del horizonte visible a partir de la curvatura de la Tierra desde la esfera que lo corona —que simbolizaría el Ojo de Horus o Udyat—, su radio es 43.200, en metros, un número que corresponde a los segundos de 12 horas. Y su diámetro, 86.400, los segundos de un día. La pirámide está ligada al 432 por varios elementos. Según nuestro estudio, el monumento tiene 99 hiladas. Si calculas la longitud de estas hiladas, ¿sabes qué te da en codos reales?

-¿888?
-No. 86.400.

-Los segundos del día.
-Sí. La esfera de coronación representa el Sol, por lógica simbólica. La suma de las inclinaciones de cada apotema es 432 por 432 segundos de arco, lo que multiplicado por las cuatro apotemas, da 864 por 864. Por tanto, el número solar está al menos repetido tres veces: en la inclinación, en la medida de las hileras y en el diámetro del Horizonte de Keops.

-¿Por qué las otras pirámides no se hicieron siguiendo estas medidas?
-Porque hablamos de una pirámide simbólica, una especie de enciclopedia pétrea que pretendía fundir el saber del pasado. El conocimiento que se encuentra en la Gran Pirámide es enciclopédico.

-¿Qué nos enseña esta enciclopedia?
-Que conocían el número Pi, el Phi, el e, el plástico… Tenían conocimientos en matemáticas que nosotros no hemos alcanzado hasta el siglo XX, como es el caso del número plástico. En Astronomía conocían la precesión, las distancias de las estrellas… En geodesia, se sabían la Tierra de memoria, que era redonda, y algo excepcionalmente sorprendente: Puedo demostrar que tenían referenciada la Gran Pirámide respecto a un sistema de coordenadas geográficas, algo que nosotros no hicimos hasta el siglo XIX. El desconcierto es total. Hablamos de una civilización científica avanzada en el 2.500 a.C.

-¿Qué dicen los egiptólogos de su teoría?
-Estamos empezando a hablar. Los descubrimientos realizados no hubieran sido posibles sin 200 años de investigación egiptológica sobre el Antiguo Egipto, sin los ordenadores que permiten utilizar hojas de cálculo y sin los programas astronómicos que reconstruyen el cielo del pasado. Esta investigación es deudora de su tiempo, pero no resuelve todos los enigmas de la Gran Pirámide, al revés, abre enigmas nuevos.

-¿Cómo cuáles?
-¿Cómo lo hicieron, utilizando los números, ni que sea como unidades abstractas, para introducir tal cantidad de información matemática, geométrica, astronómica y geodésica en el monumento? La capacidad combinatoria es desconcertante. Hay tantas interrelaciones que es imposible pensar que sean fruto de la casualidad.

-Y yo que pensaba que el misterio de la Gran Pirámide estaba en su interior…
- El interior sigue siendo un misterio.

miércoles, 23 de mayo de 2012

En busca de las reinas perdidas


La arqueología en Egipto es trabajo minucioso, sudor, paciencia y atención a los detalles aparentemente más nimios. Sin embargo, también está hecha de oro, leyenda, suerte y extraordinarios hallazgos. Miles de profesionales, egipcios y de muchos otros países, entre ellos el nuestro, trabajan sobre el terreno en el país del Nilo y en los laboratorios, museos y bibliotecas de todo el mundo para ir desovillando la enrevesada madeja de la gran civilización faraónica. Su labor abarca todo el espectro de la vida en el antiguo Egipto, incluidos los aspectos más humildes, y en numerosos terrenos se están haciendo descubrimientos de importancia. No obstante, el estimulante momento presente lo marcan de manera especial tres reinas, y tres de las más grandes, tres auténticos iconos: Hatshepsut, Nefertiti y Cleopatra (por orden de antigüedad). Las tres han sido -y parece que lo seguirían siendo- noticia en los últimos tiempos, y con sus nombres insignes, como lo hizo y no ha dejado de hacerlo The golden boy, el chico de oro, Tutankamón, arrastran la mirada del público hacia Egipto con su soberano brillo.

A las tres reinas perdidas, pues

de ninguna teníamos el cuerpo, la poderosa gran faraona Hatshepsut (que vivió hace unos 3.500 años), la bella esposa del faraón hereje Nefertiti (hace unos 2.300 años) y la seductora e intrigante Cleopatra (la más jovencita: 2.050 años) se las ha buscado insistentemente desde la infancia de la egiptología. La actual conjunción de sus nombres se debe a que una al menos parece haber sido por fin hallada, Hatshepsut, algunos creen que también otra, Nefertiti, y hay pistas que conducen a creer que Cleopatra -la más perdida de todas, y valga la polisemia- está asimismo a tiro.
La momia de Hatshepsut fue presentada por todo lo alto el pasado junio por el ínclito gran responsable de las antigüedades faraónicas de Egipto, Zahi Hawass, omnipresente en cualquier actividad arqueológica en su país y cuyo nombre está vinculado también a la pesquisa sobre las otras dos reinas. El hallazgo no se produjo en un contexto de tumba perdida, pico y pala sino en los almacenes del viejo Museo Egipcio de El Cairo, en cuyas no menos polvorientas reservas seguramente hay más para excavar que en algunas necrópolis. El descubrimiento de la momia de Hatshepsut es de hecho una reidentificación. Esto puede sorprender, pero está sucediendo cada vez más a menudo, a medida que la panoplia científica ofrece más y mejores medios de análisis -como la tomografía computarizada, que desenvuelve virtualmente las momias- , que los materiales de la antigüedad (con todo el respeto para los restos de la reina) son reconsiderados y recalificados, con grandes sorpresas.
La que ha sido identificada como Hatshepsut -ya algunos estudiosos habían adelantado tal posibilidad- era hasta ahora la momia anónima, aunque con el brazo izquierdo doblado sobre el pecho, como solía enterrarse a las reinas, de una mujer anciana y gorda hallada por Carter en una pequeña tumba sin inscripciones (KV 60) del Valle de los Reyes en 1903. Junto a esa momia había otra: la de la nodriza de la propia Hatshepsut, Sitre In. Las recientes imágenes de la rutilante presentación pública de la momia de la reina la han mostrado calva, pero había tenido el pelo largo, que apareció suelto debajo de la cabeza cuando se encontró el cuerpo a principios de siglo. La clave definitiva en la identificación, de tintes policiaco-forenses, ha sido un fragmento de muela hallado en una caja con el sello de Hatshepsut que contenía otros restos de la reina, como el hígado momificado. Dicho fragmento molar encaja, por lo visto, en la boca de la ajada soberana (uno intenta imaginar a Hawass abriéndole la boca a la momia y se le antoja una escena gótica de la Hammer).
¿Tenemos pues ya a la gran mujer, quizá la más poderosa de la antigüedad, que reinó como faraón con atavío masculino, hizo la guerra, edificó el templo de Deir el Bahari, renovó cultos y disponía de guepardos como mascotas? (véase la formidable biografía de Christine Desroches Noblecourt Hatshepsut, la reina misteriosa, Edhasa, 2004). "Sí, se puede decir que tenemos otra momia real identificada", señala el británico Barry Kemp, uno de los más prestigiosos egiptólogos del mundo, autor del canónico El antiguo Egipto (Crítica, 2005). "En estos casos nunca estás absolutamente seguro, al ciento por ciento, resulta muy difícil, pero la de Hatshepsut es una identificación más segura, incluso, que la de otras momias reales". Kemp, que señala la dificultad de obtener ADN de los cuerpos embalsamados, que suele estar muy contaminado, recuerda que la peripecia de esas momias de la realeza, con saqueos de sus tumbas, traslados a lo largo de los siglos por los sacerdotes para su preservación, revendado y reaprovechamiento de sarcófagos, ha convertido en un verdadero juego de pistas, enrevesado pero apasionante, la identificación.

El caso de la supuesta momia

de Nefertiti es parecido al de la de Hatshepsut, aunque mucho más discutible. La que la estudiosa británica Joann Fletcher asegura desde 2003 que es la gran esposa de Akenatón -véase su libro El enigma de Nefertiti, Crítica, 2005- es una momia que también había sido descubierta anteriormente, en 1898, en la tumba de Amenofis II en el Valle de los Reyes (KV 35). Esa tumba fue convertida en la antigüedad en un escondite de momias de la realeza rescatadas de sus propios sepulcros. Había una docena de reyes y en una pequeña cámara -donde siguen depositadas- aparecieron tres momias anónimas y desnudas, una de las cuales, con la que se habían ensañado los saqueadores, Fletcher considera, basándose en diversas pruebas bastante circunstanciales, que es la de Nefertiti.
"No estoy convencido", dice al respecto Kemp, "pero la investigación es muy interesante; hay que seguir haciendo pruebas, de momento, considerar que se trata de Nefertiti es un acto de fe". Kemp recuerda al respecto que en Egipto hay muchísimas reinas y princesas que no han sido halladas y que son "candidatas potenciales" a ese cuerpo.
Hawass se puso furioso con la identificación lanzada a bombo y platillo por Fletcher, que considera errónea. De hecho, varios estudiosos opinan que la tumba de Nefertiti está aún por encontrar. La reina -cuyo famoso busto policromado es también noticia por la nueva reclamación de Egipto para que Alemania lo devuelva- es un personaje clave de la época de Amarna, una de las más convulsas y trascendentales de la historia de Egipto. El hallazgo de su cuerpo podría arrojar luz sobre su desaparición repentina de la historia, uno de los grandes enigmas del Antiguo Egipto. ¿Fue repudiada Nefertiti por Akenatón? ¿Murió alejada del poder? ¿O subió ella misma al trono bajo el nombre de Smenkere, el sucesor de su marido? "Simplemente no lo sabemos, no hay datos", reflexiona Kemp. "Personalmente, soy escéptico con la teoría de que se convirtió en faraón".
De la tercera reina, Cleopatra, el propio Hawass ha anunciado que cree haber encontrado la tumba en la que fueron depositados ella y Marco Antonio, en el área del templo de Taposiris Magna, en el delta, a 45 kilómetros al oeste de Alejandría, aunque el acceso es complicado porque está inundada. Una moneda y una estatua probarían que se trata del sepulcro de la más célebre soberana de Egipto. Las investigaciones se reanudarán en octubre, hasta entonces sólo queda confiar en el olfato de Hawass para las momias, que es mucho.

Taposiris Magna es la actual

Abusir, junto al lago Mareotis. Las ruinas de la antigua ciudad, que incluyen el templo de Osiris, cubren más de un kilómetro cuadrado y están casi completamente por excavar. La localización que propone Hawass parece un poco lejana, pues la tradición quiere que el Mnema, la tumba de Cleopatra, esté en la misma Alejandría, al norte, en la zona de los palacios y el viejo Mouseion en la que se encontraban las tumbas de los demás Ptolomeos -y posiblemente también el Sema (o Soma, "el Cuerpo"), la perdida tumba de Alejandro Magno. Encontrar la momia de Cleopatra, algo con lo que de momento sólo podemos soñar, serviría para arrojar luz sobre el enigma de su muerte (la leyenda del áspid), por no hablar de su nariz.
"Es un momento interesante, con esas tres reinas", recapitula Kemp. "Pero", advierte, "hay que recordar que ellas sólo formaban parte del pequeño grupo que dirigía Egipto. Yo trato de entender cómo funcionaba la vida cotidiana y eso no se encuentra en las necrópolis reales y en las momias de los soberanos, aunque sean las cosas que más despiertan el interés del público".


FUENTE EL PAÍS


Howard Carter: el enigma era él



En el cementerio de Putney Vale, en el extrarradio de Londres, yace enterrado un misterio tan grande como el de Tutankamón: el de su descubridor.
No sabemos quién fue en realidad Howard Carter, un hombre desconcertante, ambicioso y arribista, perseverante y sensible, con facetas inquietantemente oscuras y al que debemos sin embargo uno de los hallazgos más dorados y luminosos de la historia.
La tumba de Howard Carter -en la que ciertamente no hay oro, ni estatuas, ni carros- es pequeña y discreta, indigna de un arqueólogo de su categoría. Apenas una lápida negra y dos metros de tierra inglesa en la que ha germinado hierba y algunas humildes flores. Hallarla no es difícil: se encuentra cerca del paseo central del cementerio, en la parcela 12, al lado de la de Lucy, hija única de Isaac T. Nicholson, mayor del 23º regimiento de infantería nativa de Bombay. En el gótico y solitario camposanto, digno de Bram Stoker, surgen como espectros ardillas y mirlos.



Una intensa frase figura en la lápida de Carter: "Pueda tu espíritu vivir, durar millones de años, tú que amas Tebas, sentado con la cara al viento del norte, los ojos llenos de felicidad". Es la inscripción de la bella copa de alabastro de Tutankamón, verdadero grial egipcio, símbolo de vida eterna y que, por cierto, puede admirarse en la exposición de sus tesoros en Londres. Alguien ha dejado un pequeño busto de Tutankamón sobre la lápida de Carter. Hay otras pequeñas y misteriosas ofrendas en la tumba: dos escarabeos baratos, de esos de todo a cien de Luxor, un incoherente angelito. Y lo más conmovedor: un corazón de piedra, que remite, para el observador, a la dureza de carácter del arqueólogo.
Nacido en Kensington, hijo de un artista especializado en pintar animales que retrataba las mascotas de los ricos, Carter, el menor de 11 hermanos, heredó el talento natural de su padre para el dibujo, lo que le fue muy útil en su carrera arqueológica. Un campo en el que fue siempre visto por muchos de sus colegas como un amateur, pues no tenía estudios académicos (de hecho su educación fue muy superficial). Nunca supo expresar sus sentimientos íntimos, excepto en algunas de sus reflexiones sobre Tutankamón.
"Es asombroso lo poco que se conoce de su vida privada", escribe su biógrafo, T. G. H. James, al final de las 400 páginas de la espléndida Howard Carter. The path to Tutankhamun (Kegan, 1992). En eso no es distinto Carter del joven rey.
No se casó ni tuvo hijos. James recalca la dificultad de que tuviera auténticas amistades un hombre caracterizado por una "irascible timidez", complejo y "pomposo". Un arrebato de mal genio fue la causa de su caída en desgracia en 1905 tras un altercado con turistas franceses, con los que llegó a las manos en Saqqara, episodio que le costó el cese como inspector jefe de antigüedades y tener que malvivir varios años humillantes como guía, artista, dragomán y dealer de objetos faraónicos.
A lo largo de su vida, Carter fue siempre un solitario. No se le conoce ninguna relación sentimental. En su canónico Tutankamón, la historia jamás contada (Planeta, 2007), en el que revela que Carter mintió en su relato oficial del descubrimiento de la tumba, Thomas Hoving describe a Carter como "abnegado, enérgico, obsesionado con el método, conducido por la ambición (...) impetuoso, testarudo, insensible, poco diplomático, falso y mendaz a veces". Dice que Carter "socavó sus logros y se torturó a sí mismo y a los demás durante toda su vida".
Después de terminar su trabajo en la tumba de Tutankamón, en 1932, Carter dijo que pretendía hallar la de Alejandro Magno, y sugirió que sabía dónde estaba, pero que se guardaba el secreto para él. Murió a los 64 años, a causa de un hodgkins, un cáncer linfático. Tras su muerte, varios objetos de la tumba de Tutankamón en su poder, y que no figuraban en el inventario de la excavación, llegaron discretamente (para evitar el escándalo) al Museo Egipcio de El Cairo. Otro episodio oscuro de Carter es su papel como agente de Inteligencia durante la I Guerra Mundial. Se le achaca haber participado, émulo de Lawrence de Arabia, en la polémica voladura de la base del Instituto Arqueológico Alemán en Qurna.
Sólo un puñado de personas acudieron a su austero entierro en 1939, digno colofón de una vida de triste éxito. La leyenda ha querido que entre ellas se contaran tres mujeres veladas y llorosas, lo que ha dado pie a imaginarle secretos y románticos idilios (lo han hecho en sendas novelas Philipp Vandenberg y Christian Jacq). Parece que su supuesta amante francesa es puro bulo. En el entierro, sin embargo, estaba lady Evelyn Herbert Beauchamp, la hija de lord Carnarvon y compañera de peripecias egiptológicas de su padre y Carter. Es posible que la joven se enamorara del maduro arqueólogo. Pero parece que Carter nunca perdió de vista cuál era su lugar y lo imposible que hubiera sido una relación. Es probable que además no le interesara en absoluto. Nunca se conocerán las inclinaciones sexuales de Howard Carter, ni qué afectos calentaban su secreto corazón conquistado por Egipto. Pero en esta tarde en Putney Vale, cuando el ojo enrojecido del sol se pone justo detrás de la tumba del descubridor de Tutankamón, uno no puede sino musitar un agradecimiento por todas las maravillas que nos reveló. "Las sombras se mueven pero la oscuridad no se desvanece", escribió Howard Carter de Tutankamón. Podría haber dicho lo mismo de él.Fue un solitario. No se le conoce ninguna relación sentimental.


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miércoles, 16 de mayo de 2012

El misterio del pasadizo del faraón


Si hay una aventura arqueológica similar a las de Indiana Jones, esa es la exploración del misterioso pasadizo subterráneo que parte de la tumba del faraón Seti I en el Valle de los Reyes (Luxor): es un túnel profundo, peligroso y claustrofóbico; se ignora aún qué hay al final, el que lo excava es un arqueólogo muy popular que luce sombrero y en un tramo muy en pendiente se han instalado ¡vagonetas! como las del Templo Maldito.
El director del consejo superior de antigüedades de Egipto, Zahi Hawass (quién si no), investiga actualmente el pasadizo de 3.300 años, obstinado en arrebatarle su secreto. Descubierto en 1817 por Belzoni cuando halló la tumba de Seti I (KV 17), la mayor y más espectacular del valle, de momento se han recorrido 155 metros de túnel (la tumba mide 94), parte de ellos en un abrupto ángulo de descenso que pone los pelos de punta.
Algunos opinan que conduce a una cámara secreta con tesoros
Kent Weeks cree que es un pasaje simbólico para el renacer del rey
Cuando Belzoni exploró el inmenso sepulcro de Seti I encontró al final del mismo, en la bella cámara funeraria abovedada, un pozo cuadrado o cripta que daba a un pasillo descendente -el pasadizo-, cavado en la roca (hoy una barrera de madera protege la entrada, pero puede verse el principio del túnel, tras una reja metálica). Belzoni avanzó con enormes dificultades en la galería subterránea (conocida en la actualidad como Galería Belzoni o Galería K), tratando de liberarla de los densos escombros que la cegaban. Cavó hasta los 90 metros, encontró montones de excrementos de murciélago y parte del techo desmoronado que bloqueaba el paso, y se dio por vencido considerando la exploración imposible. El pionero de la egiptología opinaba que el túnel servía para acceder a la tumba por otra entrada, desconocida.
John Gardner Wilkinson, en 1843, y el mismísimo Howard Carter, en 1903, trataron de esclarecer el enigma del túnel, sin éxito. En 1960 consiguió permiso oficial para excavarlo el jeque Alí Abd el Rassul, descendiente del más famoso clan de saqueadores de tumbas de Luxor. Empleó a 40 parientes (que es todo un número cuando vienes de familia de ladrones). Llegó a 136,21 metros, retirando piedras con grandes esfuerzos y apuntalando con vigas el inestable túnel, pero también tuvo que darse por vencido cuando sus trabajadores casi se asfixian. Su excavación parece haber dañado la estructura de la tumba y algunos creen que continuarla podría provocar su hundimiento. Kent Weeks, que excava en KV 5, la gran tumba de Ramsés II y sus hijos, investigó el pasadizo y dice que fue "la operación más peligrosa que nunca he acometido". Cuando le cayó por detrás un enorme bloque del techo que le cerró un rato la salida, Weeks decidió dejarlo estar. No obstante, concluyó que el túnel fue bien planeado y que forma parte integral de la tumba, cuya línea axial sigue.
Las teorías sobre el misterioso pasadizo son numerosas. Algunos estudiosos, como Weeks, creen que es un conducto que conduce directo hacia el agua de la capa freática para conectar simbólicamente la cámara funeraria de Seti I con el océano primigenio de Nun en las profundidades de la tierra; llevaría entonces a una cámara que se rellenaría del agua representando el mito de la creación y el renacimiento del faraón. Otros opinan que conduce a una cámara secreta, acaso el sitio donde se guarda el tesoro del faraón o su verdadero enterramiento, pues hasta el momento no se han encontrado objetos del ajuar funerario, a excepción del bellísimo sarcófago (y también el cuerpo del rey, descubierto en excelente estado -para ser una momia- en el escondite de Deir el Bahari en 1881). Viejas leyendas del valle sugieren que el túnel atraviesa las montañas y va salir junto al templo de Hatshepsut o mucho más allá, conectando con algún monumento al otro lado del río, quizá el templo de Karnak. Durante años se ha sostenido que quien cave el túnel se hará inmensamente rico.
En 2007, tras rondarle la idea mucho tiempo, entra en escena Hawass, al que, según dice, el propio jeque Alí le pasó el testigo de la exploración del túnel. El arqueólogo, con un equipo egipcio que incluye ingenieros, empezó por volver a limpiar el pasadizo construyendo mientras avanzaba una estructura de sujeción metálica para aguantar el techo y evitar los peligrosos y continuos desprendimientos. De momento ha afianzado y restaurado 90 metros e instalado un sistema de vagonetas en raíles para extraer los escombros. Durante los trabajos, descubrió que el jeque Alí y su grupo ¡habían errado el rumbo y abierto esforzadamente un nuevo túnel por encima del verdadero!
Hawass ha encontrado en el pasadizo, que ahora presenta un aspecto digno de una mina del Far West, objetos que cree pertenecen a Seti I: figuritas funerarias, cerámica e incluso algún fragmento que presenta el cartucho con el nombre del faraón. Es posible que esos objetos acabaran en el túnel tras alguna inundación en la tumba que los arrastró. Deportivamente, el arqueólogo -tan amante de los interruptus: nos tiene esperando desde hace años en el umbral del misterioso conducto de la Gran Pirámide y en ascuas en lo de la búsqueda de la tumba de Cleopatra- dice que hay que esperar a ver adónde lleva el túnel, pero deja abiertas todas las opciones.


FUENTE EL PAÍS

viernes, 11 de mayo de 2012

La faraona murió de cáncer de huesos


La mujer cuya momia han identificado científicos egipcios como la de la gran reina Hatshepsut falleció a causa de un cáncer de huesos, según reveló ayer el director del servicio de antigüedades faraónicas del país, Zahi Hawass, que ha conducido la investigación. La momia, que según el mediático jefe de los arqueólogos egipcios es, sin ningún género de dudas, la de la faraona, fue presentada en el Museo Egipcio de El Cairo en un acto con una puesta en escena espectacular.
Hawass retiró con un gesto melodramático la bandera egipcia que tapaba la vitrina con la momia y proclamó: "¡Aquí está Hatshepsut!". Junto a esa momia se exhibió otra, la de la querida nodriza de la reina, Sitre-In. Ambos cuerpos fueron hallados en la misma tumba en el Valle de los Reyes en 1903, pero el que ahora se atribuye a Hatshepsut permanecía sin identificar en los almacenes del museo. La clave ha sido un trozo de molar hallado en una caja de madera con el sello de la reina que contenía otros restos de Hatshepsut, el hígado y el estómago, separados durante el proceso de momificación. El trozo de molar, según los investigadores, coincide exactamente con la pieza dentaria de la momia.
Hawass dio por cerrado el caso pero abrió otro: la momia que se atribuye al padre de Hatshepsut, Tutmosis I, dijo, no puede ser la de ese rey, pues corresponde a un hombre demasiado joven.


FUENTE EL PAÍS

jueves, 10 de mayo de 2012

La última piedra de la Gran Pirámide


El máximo responsable de la supervisión de las antigüedades faraónicas de Egipto es uno de los mayores especialistas mundiales en las pirámides, cuyos entresijos y misterios conoce al dedillo. Fue director de la zona arqueológica de Giza.

En el trigésimo año de su reinado, Keops (Quéope o Jufu) comenzó a sentir las penalidades de la vejez y la enfermedad, y supo que la hora de su muerte se aproximaba. Pero no le importó en demasía: el país estaba tranquilo y seguro, y sabía que su culto se iba a mantener. La pirámide estaba completa; el monumento aguardaba a su entierro y resurrección, y él había adquirido la costumbre de adentrarse en él, en la cámara donde estaba emplazado su sarcófago, para hallar la calma en la que encontrar las mejores ideas. Antes de abandonar el mundo de los vivos para ascender al cielo y reunirse con sus compañeros, los dioses, estaba resuelto a completar la escritura de su libro sagrado y dejarlo como legado a sus descendientes. Ordenó a sus sirvientes que le trajeran rollos de papiro y sus pertrechos de escriba, y que lo dejaran solo durante periodos de varias horas.
La pirámide estaba completa; el monumento aguardaba a su entierro y resurrección, y él había adquirido la costumbre de adentrarse en la cámara donde estaba su sarcófago
No sería tarea sencilla colocar el remate, el piramidión, dado que los constructores trabajaban en espacios muy reducidos y hablamos de una piedra que debía de ser muy pesada



No conocemos el contenido del libro sagrado de Keops, por el cual fue recordado por las generaciones posteriores, pero cabe pensar que tal vez podría haber reflejado el saber que había acumulado en el transcurso de su vida, y quizá la ciencia que había adquirido durante la construcción de su pirámide o las epifanías religiosas que lo habían movido a transformar el culto. Quizá narrara la historia de una conspiración o contuviera consejos para sus hijos y futuros sucesores. Jamás se han encontrado copias de este libro; pero si alguna vez llegó a existir, habría que buscarlas, antes que en ninguna otra parte, en el interior de la propia pirámide.
Cuando se completó la pirámide, la rampa espiral que escondía el rostro del monumental benben se habría desmantelado y depositado en la cantera de la cual se tomaron las piedras del centro. En su descenso, los obreros habían pulido y limpiado el fino revestimiento calizo que habían ido colocando en el ascenso del monumento. Tras la eliminación de las rampas, se abrieron las dos fosas meridionales, con las barcas del rey, y se erigió la pequeña pirámide destinada al culto de Keops, cerca del extremo suroriental de la pirámide principal.
Por los relieves hallados en relación con otras pirámides, sabemos que la instalación del remate -designado también como piramidión- era un acontecimiento de suma importancia, motivo de celebración gozosa para todo Egipto. A no ser que la ceremonia se desarrollara antes de la eliminación de las rampas, es de suponer que los arquitectos dejarían una sección de la rampa en una cara de la pirámide (la septentrional, probablemente) para permitir la colocación del piramidión. No sería tarea sencilla, dado que los constructores trabajaban en espacios muy reducidos y hablamos de una piedra que sería muy pesada. El remate se habría tallado a partir de un bloque de piedra especial, obtenido en los desiertos egipcios en condiciones muy duras, que luego habría sido revestido de oro por el taller real, de modo que refulgiera con la luz del sol.
Resulta tentadora la idea de imaginar que tal vez Keops podría haber combinado su festival de Sed -fiesta que servía, en parte, para celebrar el hecho de haber completado todo lo que los dioses habían pedido al faraón, como construir su tumba; erigir templos en los que ser venerado como Dios y en los que honrar a Horus, Hathor y Re; machacar a los enemigos de Egipto y mantenerlos alejados de sus fronteras; y hacer cuanto fuera preciso para dar estabilidad, prosperidad y salud al país- con la inauguración de su pirámide.
Imaginemos, por tanto, los hechos que podrían haberse vivido en aquel día trascendental:
Un anuncio se ha extendido por todos los nomos de Egipto, desde el Gran Verde (el mar Mediterráneo) hasta Asuán. Los que han podido se han trasladado a la capital; los otros lo han celebrado en sus ciudades natales. Pero todos se han unido a la alegría. Cuelgan banderas en los templos de todo Egipto; los barcos que surcan el Nilo han sido engalanados con flores. Todos los egipcios exhiben ropas nuevas; en todas las aldeas suena la música y se danzan bailes rituales. Más de un millón de egipcios están preparados, sin excepción, para el gran día.
En la mañana de la celebración, Keops se ha levantado temprano. Los sirvientes han preparado el baño y el desayuno y han ultimado sus ropajes y coronas. Cuando abandona el palacio, Keops está acompañado por su familia directa y la banda de música de palacio. En el patio septentrional de la pirámide lo espera el visir; entre los dos examinan el remate que coronará el gran monumento.
Varios obreros, especialmente entrenados para la ocasión, comienzan a ascender por la cara de la pirámide, mientras suena la música y se agita la danza. Cuando alcanzan la cumbre, Keops da la orden de que instalen en su lugar el dorado piramidión.
Envuelto en sus ropajes del festival de Sed y con la doble corona de las Dos Tierras, Keops ha entrado en la cámara subterránea de su pequeña pirámide ritual. En el interior, solo, se quita las coronas y las ropas de gala y emerge de nuevo a la luz con un faldellín y el flagelo real. Camina con decisión y entra en el patio principal de la pirámide; ha realizado la danza ritual que demuestra su fortaleza, vitalidad y virilidad (aun a pesar de su edad), y anuncia que se ha convertido en el dios universal de Egipto y que sólo debe aguardar a la hora de su muerte para ascender a los cielos y unirse a las estrellas. Lo contemplan las reinas, sus hijos y los funcionarios de mayor jerarquía; al resto de los nobles y al público en general no se le permite acceder al interior del complejo ni observar este ritual, pero pueden participar de los festejos que lo acompañan.
Cuando Keops termina la danza, la muchedumbre grita, entusiasmada. El faraón entra de nuevo en la cámara de su pequeña pirámide y emerge de nuevo con los ropajes, las coronas y el flagelo. Los que tienen la gran fortuna de formar parte de su círculo íntimo lo acompañan en la salida del complejo, cuando aparece como una figura gloriosa ante sus súbditos leales, y de regreso al palacio, donde comienzan los banquetes.

El entierro de Keops

Durante mucho tiempo se ha pensado que el rey Keops estuvo en el trono durante 23 años, como indica el Canon de Turín, del Reino Nuevo (un documento que enumera a todos los faraones de Egipto con la duración de sus reinados, hasta donde se los recuerda en el momento de su confección). Pero una inscripción recién descubierta en el oasis de Dajla, en el desierto occidental, da fe de una expedición enviada por Keops en el año 27º de su reinado. Como es sabido, los primeros reyes de Egipto solían numerar sus reinados de acuerdo con el recuento de ganado bienal, por lo que el Canon de Turín podría haber confundido una cuenta de 23 con un reinado de 23 años. Pero si los autores del Reino Nuevo partieron de una cuenta similar, en realidad Keops podría haber reinado durante unos 46 años. Otra posibilidad es que el autor de la lista concediera a cada uno de los faraones de Guiza, aproximadamente, una generación como tiempo de gobierno. Por mi parte, el mejor cálculo que me siento autorizado a hacer a partir de los datos disponibles indicaría que Keops reinó entre 30 y 32 años, y que podría haber muerto a la edad de 58 ó 60 años.
El funeral de Keops habría sido supervisado por su sucesor; en este caso, Dyedefre, quien dejó su cartucho sobre las losas que cubrieron las barcas enterradas al sur de la pirámide. Habría contado con la asistencia del visir de Keops, que por entonces quizá fuera Anjhaf, dado que Hemiunu podría haber fallecido ya. El cuerpo del rey habría sido trasladado primero hasta su templo del valle y colocado en un lecho junto a una tienda de purificación, estructura temporal erigida para la realización de los ritos purificadores. Tras el ejercicio de los rituales debidos, el cuerpo habría sido trasladado al taller de embalsamamiento. Allí pasaba 40 días inmerso en natrón, para eliminar la humedad, y aún se necesitaban otros 30 días para completar el proceso de momificación.
En el día del funeral, la momia del rey se colocaba dentro de un ataúd de oro que una procesión de sacerdotes llevaba hasta la cara norte de la pirámide. Una vez el ataúd había alcanzado la entrada de la pirámide, Anjhaf detuvo la procesión y ordenó que se retiraran todos los sacerdotes, salvo dos. Dejando a los demás dolientes atrás, guió a los portadores del sarcófago a través de la cámara de entrada, hasta la sala central de las tres cámaras. Tras un muro se había dejado abierta una oquedad; los sacerdotes deslizaron el ataúd hacia esta cámara secreta y sellaron la sala por completo. Cuando Anjhaf emergió a la luz con los dos sacerdotes, ordenó sellar asimismo la entrada de la pirámide, para proteger el saber secreto de que, a la postre, Keops no estaba enterrado en la cámara del sarcófago de granito, sino escondido en un lugar que le garantizaba la tranquilidad eterna. Ni siquiera el siguiente faraón, Dyedefre, estaba al tanto del secreto.


FUENTE EL PAÍS

miércoles, 9 de mayo de 2012

138 aniversario del nacimiento de Howard Carter


¿Puede usted ver algo?», le preguntó lord Carnarvon a Howard Carter cuando el arqueólogo británico entró en la tumba de Tutankamón en 1922. «¡Cosas maravillosas!», respondió el egiptólogo al contemplar un espléndido tesoro. Ambos acababan de realizar el hallazgo arqueológico que les daría fama mundial, el lugar de descanso del joven faraón en el Valle de los Reyes (tumba KV62). Eran los primeros hombres en pisarla en 3.000 años.
Google rinde hoy homenaje al célebre arqueólogo con un «doodle» que recuerda el descubrimiento de la tumba intacta del joven faraón, cuyas joyas se exhiben en el Museo Egipcio de El Cairo.
Nacido en Swaffham (Reino Unido) en 1873, Howard Carter fue miembro de la Misión Arqueológica en Egipto entre 1891 y 1899, años en los que colaboró con el egiptólogo Flinders Petrie en la excavación de Tell el-Amarna e incluso fue designado inspector jefe del departamento de Antigüedades del gobierno egipcio. Descubrió las tumbas del faraón Tutmosis IV y de la reina Hatshepsut, pero el hallazgo que le convirtió en una celebridad fue el descubrimiento en 1922 de la tumba de Tutankamón.
El conde de Carnarvon, que financió la expedición, moriría poco después pasando a formar parte de la «maldición» de Tutankamón. Dos semanas antes de su fallecimiento, la novelista gótica Marie Corelli envió una carta a «The New York Times» en la que hablaba de un antiguo texto en árabe que vaticinaba la maldición: «Sobre los intrusos en una tumba sellada cae el castigo más horrible. La muerte llega volando hasta quien entra en la tumba de un faraón».
La leyenda llevó a Arthur Weigall, antiguo inspector del Servicio de Antigüedades de Egipto, a comentar al observar el buen humor de Carnarvon al abrir la tumba: «Si entra con este ánimo, le doy seis meses de vida». Seis meses después falleció.

Carter no creía en la maldición

Carter moriría con 65 años en 1939, alimentando igualmente la leyenda. Siguiendo sus indicaciones, habían extraído la momia de su sarcófago, separando los brazos y las piernas del faraón, seccionado la cabeza y el tronco, para poder extraer las joyas que lo adornaban, soldadas con las resinas del embalsamamiento. La dorada máscara había sido extraída con cuchillos calientes.
Cuando le hablaban de la «maldición» que supuestamente había caído sobre todos los que encontraron la tumba, él solía contestar: «Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas».
«Los antiguos egipcios, en lugar de maldecir a quienes se ocupasen de ellos, pedían que se les bendijera y dirigiesen al muerto deseos piadosos y benévolos… Estas historias de maldiciones, son una degeneración actualizada de las trasnochadas leyendas de fantasmas…El investigador se dispone a su trabajo con todo respeto y con una seriedad profesional sagrada, pero libre de ese temor misterioso, tan grato al supersticioso espíritu de la multitud ansiosa de sensaciones», añadía.
Carter intentó localizar después sin suerte la tumba de Alejandro Magno y se informó de que se adentraría en Asia Menor, pero fracasó en su intento. Distinguido con el doctorado honoris causa en Ciencias por la Universidad de Yale y miembro de honor de la Real Academia de la Historia, fue en los últimos años de su vida asesor de coleccionistas y de diversos museos.
A su muerte fue enterrado en el cementerio de Putney Vale, en Londres. Sobre su tumba se leen dos frases que recogen su pasión por la egiptología. «Tú que amas Tebas, que tu espíritu viva, que puedas pasar millones de años, sentado con tu rostro hacia el viento del Norte, y los ojos resplandecientes de felicidad» y «Oh, Noche, extiende sobre mí tus alas, como las estrellas imperecederas».

FUENTE ABC

jueves, 3 de mayo de 2012

La reina Sesheshet vuelve de entre los muertos


La que parece ser la momia de la reina Sesheshet ha sido hallada en Saqqara por arqueólogos egipcios encabezados por Zahi Hawass, director del Consejo Supremo de Antigüedades, informa Reuters. La momia, de 4.300 años, está extremadamente ajada -nada que ver con sus rutilantes congéneres del Imperio Nuevo-, y ha aparecido en la cámara funeraria de la pequeña pirámide de la misma reina cuyo descubrimiento fue anunciado en noviembre por el propio Hawass.
Sesheshet no es una reina célebre ni mucho menos (no es una Nefertiti ni una Nefertari), pero se cree que jugó un papel importante en el paso de la V a la VI dinastía del Imperio Antiguo al otorgar de alguna manera legitimidad a su hijo, el faraón Teti, primer rey de la nueva dinastía. Teti, del que sólo se halló en su pirámide un brazo momificado (su madre, si lo es, ha tenido más suerte), sucedió a Unas, último faraón de la dinastía V, considerada la pariente pobre de la esplendorosa IV dinastía, la de Keops, Kefrén y Micerinos.
Hay pocas evidencias históricas sobre Sesheshet: se la menciona como "Madre de Rey" en la tumba del visir Mehu y, sobre todo, como madre de Teti, de pasada, en un pasaje sobre la calvicie en el papiro médico Ebers, lo que no deja de ser curioso.
La momia estaba depositada en un sarcófago, cuya apertura precisó de cinco horas de trabajo, pero los descubridores no mencionan inscripción alguna. La pequeña cámara en que se hallaba la momia había sido saqueada pese a estar sellada la entrada con dos grandes piedras de granito: los ladrones entraron por un agujero practicado por arriba. Sin embargo, se han encontrado fundas doradas para los dedos momificados.
El trabajo que se está haciendo en Saqqara ha de servir para aumentar los conocimientos sobre esta etapa, menos considerada en la imaginación popular que otras del Antiguo Egipto, lo que quizá quepa achacar en parte a que sus reyes llevan esos nombres tan poco sugerentes como Teti y Pepi. Y eso que en sus historias hay detalles tan interesantes y morbosos como que Teti, según Manetón, fue asesinado por sus eunucos y que una de las esposas de su hijo Pepi I fue procesada -no se sabe por qué causa, pero es imposible no pensar en la viciosilla Anck-su-namun de la película La momia-. Parece (la historia está en una inscripción de un alto funcionario que hubo de investigar la acusación contra una "Grande del Cetro" en el harén real) que esa reina fue declarada culpable y, por tanto, indigna de un entierro adecuado. No sabemos si a Pepi I le afectó mucho el asunto: tenía al menos otras cinco esposas, cuyas pirámides subsidiarias están al sur de la del rey en Saqqara.


FUENTE EL PAÍS

Oro y jeroglíficos en la antigua Tebas



El hallazgo de joyas y de una cámara funeraria con pinturas culmina ocho años de trabajo de un equipo de arqueólogos españoles en la tumba de Djehuty




Pura emoción y maravilla. La esencia misma de la gran aventura científica. La recién concluida campaña de excavaciones del Proyecto Djehuty, en las tumbas en Dra Abu el Naga (Luxor, la antigua Tebas) de ese noble egipcio de hace 3.500 años alto funcionario de la reina Hatshepsut, y su colega Hery, ha arrojado dos hallazgos sensacionales que culminan por todo lo alto ocho años que no han estado precisamente exentos de prodigios.
José Manuel Galán, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y director del grupo de investigadores en el yacimiento, explica los descubrimientos con un relato que despierta viejos ecos de pasos subterráneos y expresiones de asombro ante el brillo del oro antiguo y los recónditos secretos de la época de los faraones.
"Este año empezamos excavando por fin la cámara funeraria de Djehuty, que ha resultado ser sólo una antecámara", dice. "Estaba llena de tierra y piedras hasta el techo. Cuando por fin conseguimos penetrar hasta el fondo, el capataz, rais, Alí y yo descubrimos junto a la pared del extremo un pozo. Bajamos con luces. Fue muy emocionante. Llegamos a una entrada abierta, otra cámara; pasamos, el rais delante con una antorcha. Iluminó hacia el suelo. Vio que no había nada. Él esperaba encontrar algo parecido al tesoro de Tutankamón. Su decepción fue mayúscula. Empezó a soltar palabrotas en árabe. '¡Pero Alí, mira, las paredes están pintadas!', dije yo. Iluminé con mi linterna una pared y otra, llenas de textos. Vi una golondrina, un cocodrilo... jeroglíficos, una columna tras otra. No podía creerlo. Y en el techo, una diosa pintada, Nut. ¡Allah akbar!, Alá es grande, exclamó Alí, y se puso a llorar. Yo también".
Galán explica que en el primer momento de conmoción no sabía qué era todo aquello. "Apenas podía respirar". Poco a poco se serenaron. "Vimos que las paredes de la cámara estaban cubiertas con jeroglíficos cursivos, no pintadas. Textos del Libro de los muertos. Con Andrés Diego observamos que en las inscripciones estaba el nombre de Djehuty intacto, cuando en el resto de la tumba había sido concienzudamente borrado para condenar su memoria. También leímos el nombre de su madre, Dediu -que ya conocíamos- y, por primera vez, el de su padre, Ibuti. Esto es extraordinario, porque puede decirnos mucho de los orígenes de Djehuty. El nombre del padre está escrito fonéticamente y parece extranjero. A diferencia de los nombres egipcios, no significa nada. El escriba lo escribió tal como suena y por eso hay algunas variaciones. No incluye más título que el genérico de 'dignatario', lo que es raro para ser el padre de alguien tan importante como Djehuty, Supervisor del Tesoro y de los trabajos de los artesanos".

Un botín inesperado

Junto a la cámara ilustrada, el otro portento de esta campaña es el oro. "Las joyas de oro, siete pendientes, aparecieron al final de la campaña". Como en cada campaña, el espíritu de Djehuty ha procurado sorpresas a los investigadores. "Yo esperaba encontrar el ajuar funerario de Djehuty, su sarcófago, su momia. Todo menos el oro, que es lo primero que se llevan los saqueadores. Ha ocurrido lo contrario. El ajuar ha desaparecido, excepto fragmentos de cerámica, pero hemos hallado el oro".
"Es difícil reconstruir la escena del crimen", comenta. Es raro que los ladrones dejaran oro. A lo mejor los que entraron -porque sabemos que la cámara fue visitada- no lo eran. Es difícil establecer una película coherente de los hechos, porque en cambio no se borró el nombre de la cámara que hemos encontrado. Es un puzzle que toca resolver".
En la antecámara, para liarlo más, se ha encontrado un trozo de periódico árabe de 1898, lo que apunta al equipo de alguno de los investigadores europeos que estudiaron someramente la tumba -Spiegelberg y Newberry-. La momia no ha aparecido. Quizá fue destruida. "Estamos estudiando los huesos hallados en la antecámara para saber cuántos individuos fueron enterrados y cuándo". Galán no cree que exista otra cámara ignota tras la hallada.
¿Haber encontrado la cámara y el oro pero no la momia y el sarcófago de Djehuty le produce a Galán una sensación agridulce? "Siempre he dicho que más que el tesoro de Djehuty yo quería su biblioteca. Y eso es lo que tenemos, escrita en la pared. Si me dan a elegir entre el ataúd y la momia o la pared escrita me quedo con la pared. Ése es nuestro tesoro".
Es verdad que Carter siempre mostró su decepción por no haber encontrado papiros ni textos largos en la tumba de Tutankamón. La cámara escrita, recalca Galán, es excepcional. Sólo se conocen cuatro de la época. Se inspira en modelos antiguos y es a la vez innovadora. Lo usual entonces era poner los textos funerarios en papiros en la tumba, no escritos en la pared. Hay que estudiarlos aún, pero Galán adelanta que hay significativas aportaciones en los textos de Djehuty. "En un pasaje final del capítulo 125 del Libro de los muertos reproducido se enumeran las partes del cuerpo y se las asocia a una divinidad concreta, cada una incluyendo el nombre de Djehuty".
El egiptólogo, que ayer presentó los hallazgos en la sede de la Fundación Caja Madrid, patrocinadora del Proyecto Djehuty, está feliz. Han vuelto a tener "una guinda". "Nuestro trabajo estos ocho años ha deparado una sucesión de sorpresas. Esto es un clímax, el no va más, pero ahí está la tumba de Hery, una maravilla, y nos esperan sin duda otros hallazgos y otros trabajos excitantes. Hay mucho aún por hacer".

Otros tesoros de Dra abu el-Naga

- La tabla del aprendiz. Tablilla de madera con estuco en la que aparece dibujado, en boceto, el insólito retrato de un faraón de frente.
- El enterramiento de Iqer. Ataúd y momia de un individuo de la dinastía 11 -2.000 años antes de Cristo- con arco y flechas.
- Un trozo de lino de momificación que luce la fecha del año 2 de Amenofis II.
- La delicada ofrenda floral hallada en el patio de la tumba de Djehuty.


FUENTE EL PAÍS