viernes, 23 de marzo de 2012

El toro sagrado Apis


Los egipcios adoraron a varios animales, entre ellos el buey Mnevis de Heliópolis, el buey Buquis de Ermant y el toro de Menfis. El culto al toros Apis es muy antiguo, ya que se remonta a las primeras dinastías. El toro entonces era un símbolo de fertilidad animal y, bajo ese aspecto, se celebraban unas fiestas agrícolas en su honor. También estaba relacionado con el dios Sol, razón por la cuál llevaba entre sus cuernos el disco solar y, aveces, el ureo. A partir del Imperio Nuevo, quedó vinculado al dios Ptah; el toro Apis era el bai o alma magnífica de Ptah y, como tal, era adorado en su templo de Menfis. Cerca de esta localidad, en Saqqara, se construyó un cementerio para los toros Apis. A partir del reinado de Psamético I, durante la dinastía XXVI, la devoción a Apis renació y se estableció en torno a él un culto oracular, como demuestran los numerosos textos de interpretaciones de sueños hallados junto a sus momias. Apis estuvo vinculado a Osiris, como su alma. Y durante la época de dinastía Lágida, nació el dios Serapis (unión de Apis y Osiris) cuyo centro de culto fue Alejandría, ejemplo de la fusión de las culturas griega y egipcia.















LA NECRÓPOLIS DE DIOS APIS

El toro Apis, como dios viviente, debía recibir las mismas atenciones que cualquier dios o faraón. La ingestión de su carne estaba prohibida y, en su palacio de Menfis, recibía los cuidados y la adoración de sus sacerdotes. Como dios que era, a su muerte se le embalsamaba y se le enterraba igual que a los propios soberanos. Sus órganos no debía ser retirados, pero tal y como cuenta Herodoto, se le practicaba el ritual de embalsamamiento, después del cual era introducido en un sarcófago y conducido al Serapeo, su necrópolis cerca del Saqqara.
Una avenida de esfinges según cuenta el geógrafo griego Estrabón, conducía a la entrada del templo y, por un pasadizo se accedía a las cámaras que flanqueaban el pasillo.
En cada cámara había un enorme sarcófago de granito para cada Apis, junto con su ajuar funerario, que constaba de pequeños ushebtis en forma de vaca. Las madres de los toros también tenían su necrópolis, el Iseo, cerca del Serapeo. Desgraciadamente el descubridor del Serapeo, Mariette, encontró saqueadas prácticamente todas las tumbas.



LA ELECCIÓN DEL APIS

No todos los toros podía ser adorados como toros Apis. Se creía que este animal era engendrado por un rayo de sol y que, a su muerte, debía ser reemplazado por un animal exactamente igual. Su elección como toro Apis venía marcada por una serie de rasgos especiales. Heródoto vio un toro Apis y relata las 29 marcas que debía tener. Las principales eran dos manchas, una en forma de buitre, en el lomo y otra en forma de escarabajo, en la lengua. Las patas del Apis debían ser blancas al igual que su vientre. Otra característica es que la cola debía tener pelos dobles, estar partida en dos. En la frente debía tener una mancha blanca en forma de triángulo o de diamante.

Baja época. Museo del Louvre

















EL DESCUBRIMIENTO DEL SERAPEO

Cuando Auguste Mariette se dirigió a Egipto para comprar papiros por encargo del Louvre, poco se imaginaba que acabaría descubriendo la necrópolis de los toros sagrados Apis.


Espero que os guste el tema, un saludo, Isis.

1 comentario :

Diego Márquez Robledo dijo...

ME IMAGINO QUE NO CREERÁS QUE ESAS CAJAS ENROMES TUVIERAN COMO VERDADERA FUNCIÓN GUARDAR LA MOMIA DE UN BUEY APIS...